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Archivo de Septiembre 2009

Niños salvajes

Publicado por Confusio en 13 Septiembre 2009

El cementerio de los elefantes. Y. Chaland

No, no voy a hablar del botellón ni de las fiestas ilegales, sino de un hermoso mito que entretuvo nuestra infancia: el del niño abandonado en medio de la naturaleza salvaje que sobrevive gracias a los animales. Está muy arraigado en nuestra cultura porque los fundadores de Roma fueron amamantados por la loba capitolina. La lista de niños ferales de la historia y la ficción es larga, con personajes tan cinematográficos como Mowgli y Tarzán. Hay una página de un forofo del tema, Andrew R Ward, en la que aparece un interesante listado de casos en todo el mundo, aunque el autor se muestra muy poco exigente a la hora de otorgarles credibilidad.

Abundan los niños-oso, niños-oveja, hay incluso un un niño-avestruz… en fin. Los más frecuentes son los adoptados por lobos, osos y gacelas.

Niños gacela

El más famoso de los niños gacela es el del Sáhara, encontrado en 1960 en Rio de Oro, del que incluso recuerdo haber oído hablar. El antropólogo Jean-Claude Armen escribió un libro sobre él: L’enfant sauvage du grand desert, en el que cuenta que hubo, por lo menos tres intentos de captura sin resultado porque, según Armen, el chico era muy rápido y no tenía un pelo de tonto. Años después reconoció que era todo ficción.

Parece ser que Armen se inspiró en un caso anterior, el del niño gacela de Mauritania, supuestamente encontrado hacia 1900. Se cuenta que su madre decidió emplear una gacela como nodriza. La gacela escapó y el niño, que ya andaba, se fue con ella. Años más tarde el niño fue capturado; mucho tiempo después aprendió a hablar y se convirtió en cazador y se dice que murió de la impresión que le provocó comprobar que acababa de cazar a la gacela que fue su ama de cría. Al autor de la página le parece una historia creíble (¡). En ese caso debía de tratarse de una gacela extraordinariamente longeva (el máximo registrado de 12.7 años) pero al autor de la página se ve que le da pereza consultar este tipo de detalles.

Armen, como fabulador que era, dio por auténtico el caso del niño-gacela de Siria, encontrado en 1946, aunque en la foto podía verse que tenía el flequillo cortado y por la blancura del torso se notaba que normalmente debía ir vestido (véase la foto, recién capturado). Los periodistas que inventaron esta historia dijeron que era capaz de correr a 50 Km/h, o incluso a 50 Millas/h., o sea, el doble de rápido que el campeón mundial de los 100 m lisos. Parece ser que el niño-gacela sirio acabó viviendo en Damasco como recadero gracias a sus dotes para la carrera, lo que demuestra una sorprendente capacidad de socialización para quien se ha criado entre animales.

NiNo gacela sirio

Niños lobo

Lobos hay (más bien había) en muchos lugares del mundo. Generalmente protagonizan fábulas en las que se comen a los niños. Sin embargo, en la India los lobos tenían por costumbre adoptarlos en lugar de comérselos (quizá una consecuencia del vegetarianismo que allí impera). Los niños-lobo son una de las tradiciones del misterioso subcontinente; Ward cita más de una decena de casos en el último siglo. Tan frecuentes eran que, en algún orfanato, como el de Sekandra llegaron a coincidir dos.

El caso más conocido es el de las niñas Amala y Kamala, que fueron rescatadas de los lobos por el reverendo Joseph A. L. Singh, director de un orfanato en los años 20. La historia está llena de incoherencias y falsedades deliberadas. Las fotos que circulan parece que ni siquiera eran ellas, sino otros niños del orfelinato que posaron para la ocasión. El montaje ha sido denunciado recientemente en el libro L’Enigme des enfants-loup (2007) de S. Aroles, aunque parece que se trata de un timo bienintecionado, con el que se pretendía recaudar fondos para el orfanato.

El único caso fuera de la India es el de la niña-lobo del Rio del Diablo (Texas 1845). Fue secuestrada por lobos nada más nacer (su madre murió en el parto). Fue capturada diez años después. En cautividad contestaba a los aullidos de sus familiares adoptivos y, si no se tomaban precauciones, mataba ganado para comerse la carne cruda. Finalmente escapó y, de vez en cuando, alguien decía haberla visto. Hasta el autor de la página admite que es demasiado fantástico.

En la gran mayoría de casos se trata de niños con graves retrasos cognitivos y de socialización, incapaces de sonreir, que caminan a cuatro patas, son crudívoros, comen el suelo y que sufren porque quieren volver a la naturaleza con su familia adoptiva, o eso es lo que les parece a sus cuidadores. La especie adoptante se suele inferir de su conducta, los alimentos que prefieren, los sonidos que emiten… pero faltan evidencias de que verderamente hubiese adopciones por parte de animales salvajes. Sólo puede asegurarse que han sido gravemente desatendidos.

El único caso que quizá merezca crédito es el de de John Ssebunya, el niño-mono de Uganda, encontrado a los seis años en 1991. Parece que este niño huyó de su casa a los cuatro años, cuando su padre asesinó a su madre. En realidad, nunca estuvo perdido; merodeaba por los poblados, robaba en las huertas y pudo haber sido aceptado como acompañante por una bandada de monos, que vivían de lo mismo. Nadie tuvo el interés o la paciencia suficiente para hacerse cargo de él; aunque no se puede juzgar demasiado duramente a sus vecinos porque eran campesinos pobres que trabajo tendrían con sacar adelante a sus propios hijos, y John era un niño con graves problemas de socialización “que se comportaba como un animal salvaje”.

Los monos pertenecían a la especie Cercopithecus aethiops (el Mono Verde, una especie muy común, de unos 5 Kg de peso los machos y menos de cuatro las hembras). Robert, de Uganda (encontrado en 1985) es un caso parecido y se supone que vivió de los 3 a los 6 años entre monos precisamente de esa misma especie. El Mono Verde es una de las pocas que tolera o incluso acepta a individuos de otras especies de monos en sus zonas de campeo. La mayoría de simios no. Los chimpancés, por ejemplo, se comerían a cualquier cría o niño que encontrasen (como nos mostró Attenborough en sus documentales, los chimpancés cazan otros monos).

Creo que esta es la razón para desconfiar de todas las historias de Mowglis. Si hay animales que adoptan crías de nuestra especie ¿por qué no adoptan crías de otras especies? Si hay niños-lobo y niños-gacela, debería haber gacelas-lobo y lobos-gacela. Pero si un lobo encuentra una cría de gacela se la come y punto.

Yo creo que el origen del mito tiene que ver con que somos los reyes de la creación y los animales, instintivamente, lo reconocen y nos otorgan un trato especial, digno de nuestro rango. La realidad no es tan novelesca. Son niños abandonados, maltratados, recluídos o criados en las calles, entre los perros o el ganado… Han sufrido lo que ni siquiera las crías de las fieras sufren.

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