¡Todos a meditar!

Leo en El País Semanal un artículo firmado por Miriam Subirana (Psicología, menos acción, más meditación) en el que dice que: “La meditación ofrece múltiples beneficios comprobados científicamente”, lo cual no es cierto. No existen pruebas concluyentes para la mayoría de los supuestos beneficios de la meditación. Esas son las conclusiones del voluminoso trabajo de Ospina et al. (2007), del Evidence-based Practice Center de la Universidad de Alberta, por encargo del Departamento de Salud de los USA, en el que se examinan más de 900 estudios. Este trabajo, del que ya hicimos un resumen, está disponible en pdf entero, aunque he comprobado que los que practican meditación no suelen tener paciencia para leer estudios que no les dan la razón.

En el artículo de M. Subirana, entre otros tópicos habituales, se cita un estudio de S.W. Lazar que yo sí me he tomado la molestia de leer y que  demuestra que ocho semanas de meditación incrementan el volumen de la zona gris en algunas regiones del cerebro. El estudio compara los meditadores con un grupo control que no hicieron nada especial durante esas ocho semanas.

Si se buscan en Google académico artículos científicos acerca del incremento de la materia gris en relación a algún tipo de entrenamiento, salen miles de trabajos. Cualquier aprendizaje sirve para eso. Por citar solo dos ejemplos, en este artículo podemos leer el incremento de materia gris que se obtiene al aprender juegos malabares o, en éste, aprendiendo a leer en un espejo. El efecto es siempre más visible cuando se aprende algo nuevo. Sea lo que sea. Útil o inútil. La materia gris, que es el tejido nervioso en el que predominan los núcleos de las neuronas, responde rápidamente, creciendo en aquellas zonas que se activan ante una tarea nueva.

En resumen, que hacer meditación activa y desarrolla ciertas áreas del cerebro, pero eso también podemos conseguirlo aprendiendo a tocar la trompeta, practicando esquí o aprendiendo algo completamente estúpido. Esquiando te puedes romper una pierna, pero la meditación tampoco está exenta de riesgos.

Hace tiempo que se sabe que se produce una mayor incidencia de epilepsia entre los practicantes de meditación trascendental. Véanse estas tres publicaciones: Persinger 1993, Jaseja 2006 y Lansky y St Louis 2006. Ya busqué información al respecto para una entrada anterior y descubrí que la meditación está contraindicada en niños y en personas con tendencia al “pensamiento mágico”. Creo que todos conocemos casos de personas aficionadas a la meditación que acaban en sectas o seriamente desconectadas de la realidad.

De lo que sí podemos estar seguros es de que la meditación no proporciona a sus practicantes capacidad objetiva para juzgar la propia meditación.

Una Respuesta a ¡Todos a meditar!

  1. Khan dice:

    Conciso y bien explicado…

    ¡Me voy a mi clase de malabares delante de un espejo, y luego a doctorarme en Princeton!

    Saludos,

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