¿La naturaleza nos necesita para existir?

20 julio 2014

Muchos físicos, influenciados por la filosofía idealista, quisieron ver en la conducta de las partículas la prueba de que la conciencia dominaba a la materia. Pascual Jordan, matemático y físico que habría recibido el premio Nóbel si no fuera por su pasado nazi, decía que las observaciones producen lo que se va a medir. Estas afirmaciones han sido muy popularizadas por los autores de libros de autoayuda y por los “New Age” en general, que les encanta eso de que “la realidad la creamos nosotros mismos”.

No escribo nada sobre física cuántica porque es un tema que no conozco. Pero me place encontrar voces discrepantes que nos devuelven el papel contingente de la conciencia y que explican desde una óptica realista (en el sentido moderno de esta palabra) el mundo de las partículas y sus extraños comportamientos. Hace unos meses leí un artículo de Deutsch y Ekert, dos destacados pioneros de la computación cuántica que decían cosas como que la física sucumbió a los encantos de la mala filosofía y corrientes como el positivismo lógico (“si no puede confirmarse mediante un experimento no tiene sentido”) o el relativismo (“no hay afirmaciones objetivamente ciertas o falsas, solo legitimadas o deslegitimadas por la cultura”). Ellos se manifiestan realistas y definen el realismo como la postura filosófica que afirma que existe un mundo físico y que la ciencia puede extraer conocimiento de él.

En Edge.org he leído una interesante reflexión de Anton Zeilinger, físico de Universidad de Viena, director del Instituto de Óptica e Información Cuántica y autor del libro Dance of the Photons: From Einstein to Quantum Teleportation sobre lo que la física cuántica NO ES. Los añadidos en cursiva son míos.

Una idea para ir olvidando: No hay realidad en el mundo cuántico

La idea que debe ser abandonada es la idea que no hay ninguna realidad en el mundo cuántico. La idea surgió probablemente debido a dos razones. Por un lado, por el hecho de que uno siempre puede asignar un valor preciso a una propiedad física y por otro lado, porque dentro de la amplia gama de interpretaciones de la mecánica cuántica, algunos sugieren que el estado cuántico no describe una realidad externa, sino que las propiedades solo existen en la mente del observador y por lo tanto, esa conciencia desempeña un papel crucial.

FullerenoConsideremos por un momento el famoso experimento de la doble rendija. Tales experimentos o sus equivalentes se han realizado no solo con fotones individuales y otras partículas individuales, como los protones, neutrones, electrones etc., sino incluso con macromoléculas muy grandes, tales como los fullerenos o incluso más grandes. Nosotros hicimos el experimento con fullerenos — las moléculas C-60 o C-70. Los hicimos pasar por dos ranuras y bajo las condiciones experimentales correctas, observamos una distribución de los fullerenos detrás de las rendijas con máximos y mínimos, el patrón de interferencia. Esto es debido a la interferencia de las ondas de probabilidad pasando por ambas ranuras. Es decir, que incluso una molécula tan grande tiene propiedades ondulatorias.

Pero, después de Einstein en su famoso debate con Niels Bohr, nos podemos preguntar si hacemos el experimento con partículas individuales, uno por uno: ¿por qué rendija pasa la molécula de fullereno individual? ¿No sería natural asumir que cada partícula debe pasar por alguna rendija? La física cuántica nos dice que esa pregunta no tiene sentido. No podemos asignar una posición bien definida a la partícula a menos que en realidad llevamos a cabo un experimento que nos permita averiguar dónde está. Así que, antes de hacer la medición, la posición de la molécula de fullereno — y por lo tanto la ranura que atraviesa — es un concepto carente de significado.

Doble-rendijaSupongamos que podemos medir ahora la posición de la partícula, obtener una respuesta y saber dónde está. O está cerca de una ranura o cerca de la otra. En ese caso, la posición es sin duda un elemento de la realidad, y podemos decir claramente que la física cuántica describe esta realidad. Lo interesante es que tener un conocimiento preciso de una función, a saber, la posición, hace que otro tipo de conocimiento, a saber el que está codificado en el patrón de interferencia, deja de estar bien definido.

¿Dónde podría entrar conciencia aquí? La mecánica cuántica nos dice que la partícula, antes de cualquier observación, se encuentra en una superposición de pasar por una ranura y de pasar por la otra ranura. Si ahora tenemos dos detectores, cada uno detrás de cada rendija, entonces uno de los dos registrará la partícula. Pero la mecánica cuántica nos dice que el aparato de medición interfiere con la posición observable de la partícula, y así mismo no tiene características clásicas bien definidas, al menos en principio. Esto, según el ganador del Premio Nobel húngaro-americano Eugene Wigner, es una cadena que puede seguirse hasta un observador que registra el resultado. Si aprobamos ese razonamiento, es la conciencia la que hace que la realidad ocurra. Es la decisión del observador la que crea la realidad (el fullereno en una rendija o en la otra) o mantiene el estado de superposición.

Pero no hace falta ir tan lejos. Es suficiente asumir que la mecánica cuántica sólo describe las probabilidades de los resultados de medición posibles. Hacer una observación convierte la potencialidad en realidad y, en nuestro caso, la posición de la partícula se convierte en una cantidad de la que uno puede hablar razonablemente. Sin embargo, tanto si tiene una posición bien definida o no, el fullereno desde luego que existe. No necesita a ningún observador. Es real en el experimento de doble rendija, incluso cuando no es posible asignar un valor bien definido su posición.

Podríamos resumir diciendo que la realidad a esta escala, simplemente, no funciona como en la nuestra. Es, por decirlo de alguna manera, “borrosa”. Más información sobre particularidades del experimento de la doble rendija en Naukas.


Un cerebro pensando en girasoles

29 agosto 2013

Sumergidos en nuestras meditaciones, no habíamos pronunciado una sola sílaba durante un cuarto de hora por lo menos. Bruscamente, Dupin pronunció estas palabras:

-Sí, es un hombrecillo muy pequeño, y estaría mejor en el Théâtre des Variétés.

-En el nombre del cielo-exclamé-, dígame cuál es el método… si es que hay un método… que le ha permitido leer en lo más profundo de mí.

Los crímenes de la Calle Morgue. Edgar A. Poe

Auguste Dupin, el agudo investigador creado por Allan Poe, adivina el pensamiento del narrador a pesar de que éste lleva un rato callado dejando vagar su mente de forma, aparentemente, libre. Dupin aprovecha la gran intimidad que les une; experiencias en común y largas conversaciones le permiten ser capaz de reconstruir la ilación silenciosa de su amigo.

Sin embargo, no está lejos el día en el que nuestra mente pueda ser leída por perfectos desconocidos.

Girasol

El cerebro pensando en un girasol

Merece la pena asomarse al funcionamiento de nuestro cerebro tal como lo muestran Huth, Nishimoto, Vu y Gallant. En esta página encontraréis un mapa interactivo del cortex cerebral que podéis girar, ampliar… Al lado hay un “mapa semántico”, un árbol en el que están ordenados por afinidad diferentes conceptos. Al pulsar una de las palabras del árbol se muestra a la izquierda las zonas del cerebro que se activan cuando a los voluntarios se les ha hecho pensar en ese concepto. Los mapas de activación se obtienen por resonancia magnética funcional y el mapa semántico de los 1.700 conceptos estudiados se ha construido agrupándolos por sus patrones de activación cerebral. Es decir que “gato” y “guepardo” están juntos en el árbol porque los patrones de activación que provocan son muy parecidos.

La aplicación nos muestra el cortex cerebral con diferentes aspectos a elegir. Desde el aspecto “normal”, exagerando las circunvoluciones, hasta completamente extendido, como la piel de un animal.

El cortex visual (la zona occipital) siempre se activa un poco porque lo que se muestra a los voluntarios son imágenes. En cualquier caso, creo que lo interesante es observar las diferencias.

Resulta muy esclarecedor comprobar que no existe un área para cada grupo de conceptos, como pensaba la frenología, sino que cada concepto es un patrón de manchas que se reparte por áreas muy extensas y, a veces, lejanas. Una explicación de por qué un concepto nos lleva a otro cuando dejamos vagar la mente y, a veces acabamos en un lugar extraño.

Más explicaciones y un vídeo aquí: http://www.cell.com/neuron/retrieve/pii/S0896627312009348


Zeitgeist, la madre de todas las conspiraciones

28 abril 2013

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Se anuncia una segunda o tercera entrega del documental Zeitgeist

Si este documental supuso para tí algo así como “una nueva perspectiva” y lo describirías como “algo que me abrió los ojos”, “me hizo cambiar de actitud ante la información que recibimos” o algo similar, cuidado, porque vas camino de convertirte en un conspiranoico y una víctima de la irracionalidad posmoderna. Eres, en pocas palabras, una víctima de la desinformación y la demagogia.

La primera parte del documental es la única que merece el nombre de tal porque es la única que contiene algo mínimamente documentado. La denuncia sobre la falta de originalidad del cristianismo y la cantidad de elementos paganos que contiene es algo bien conocido y explicado en la obra de uno de los autores más importantes en antropología: Frazer en “La rama dorada” dedica varios capítulos al asunto.

A partir de ahí el documental empieza a desbarrar con la astrología, el cambio de era, la conspiración del 11-S y los perversos planes de las élites para dominar el mundo. Toda la argumentación está basada en anécdotas y, como suele suceder en las grandes conspiraciones novelescas que circulan por internet, plantea muchísimas inconsistencias que los conspiranoicos no se molestan en contestar. Personalmente, cuanto más ambiciosa y universal es una conspiración, más difícil me resulta creer en su existencia.  Ningún gobernante en su sano juicio montaría algo como las pretendidas conspiraciones del 11-S o la del 11-M solamente para conseguir algo más de poder, ganar unas elecciones, invadir Afghanistán o apoderarse de unos pozos de petróleo. Hay maneras más sencillas de hacerlo, y más seguras. En una trama de semejante calado hay demasiadas cosas que pueden salir mal. Demasiada gente que puede arrepentirse e irse de la lengua.

Pero la obstinación del conspiranoico no tiene límites. Nuevas conspiraciones se van añadiendo para explicar por qué las pruebas no aparecen. La conspiración va creciendo en su imaginación para impregnar todos los aspectos de la política. La conspiranoia se convierte en simple paranoia.

Luego está la postura del nihilismo-chic, la del autor del documental Zeitgeist: No te lo tomes tan en serio. La verdad no es única. No hace falta que un documental refleje sólo la verdad, ni toda la verdad. La posmodernidad, en suma. Parece que está diciendo: lo que te he contado es casi todo mentira, pero los poderes fácticos dicen más mentiras que yo.

El movimento Zetigeist ha hecho esfuerzos para depurar los elementos esotéricos y conspiranoicos de su ideario. Ahora afirman que es un movimiento basado en la ciencia y que proponen una Economía Basada en Recursos. Pero hay aspectos que siguen trasmitiendo un mensaje ingenuo o incluso reaccionario. Se afirma en varios lugares que las separaciones de clase y raza son arbitrarias y separatistas. Están metiendo en un mismo saco la idea de raza que, efectivamente, ha sido utilizada como identificador fabricado con intenciones políticas, con el concepto de clase, que es un concepto real. Las clases existen y se diferencian por su acceso a los medios de producción, a la cultura, a la educación y a la vivienda. No vamos a acabar con las clases sociales diciendo que no existen.

Me parece preocupante que uno de los novísimos movimientos sociales contestatarios tenga unos orígenes tan turbios.


¿Qué atrae al imán?

23 marzo 2013

Zawahiri

Este señor que señala el cielo y que luce en su frente el callo del musulmán, es el clérigo al-Zawahiri, considerado por los norteamericanos como el hombre más peligroso del mundo. Si empleamos el concepto de peligro que tiene un policía de barrio, puede que sí. Aunque el Zawahiri éste no tiene capacidad para retener la patente de un antiretroviral, no va a promocionar el consumo de tabaco entre niños del tercer mundo, ni tiene previsto descongelar el Ártico para sacar petróleo, pero bueno… admitamos que es peligrosillo.

En cualquier caso, pienso que los conservadores de los USA deben sentirse muy satisfechos con el nuevo panorama internacional. El mundo occidental capitalista se enfrenta un enemigo muy inferior al comunismo. El comunismo gobernó medio mundo, creó un “telón de acero” tras el que organizó (mal) una sociedad con científicos, médicos, maestros, ingenieros… Por el contrario la jihad y los jihadistas solo son capaces de hacerse con el control de sociedades periféricas atrasadas para hundirlas más profundamente en el atraso.

Comparado con el comunismo, el jihadismo es un enemigo pequeño y estúpido. Pequeño porque solo puede aspirar a asentarse en sociedades de mayoría musulmana, y sólo en algunas. Estúpido porque cualquier esfuerzo por progresar económicamente le lleva a una contradicción con su credo. Cuando el petróleo pierda su importancia estratégica, que esperemos que sea lo más pronto posible, la jihad quedará como un eterno enemigo periférico que, de vez en cuando, sembrará de muertos algún desgraciado rincón del planeta.

Ya sabemos que están fanatizados y que algunos no tienen miedo a la muerte, pero eso es solo una ventaja táctica. La ventaja de occidente es estratégica. La ideología, las leyes y la moral de nuestra sociedad están orientadas a la prosperidad material y al conocimiento. Un ejemplo del esfuerzo occidental por conocer son, precisamente, los centenares los estudiosos que miran el jihadismo con microscopio. Veamos un ejemplo.

En este artículo de Mielsen profundiza sobre por qué algunos clérigos musulmanes se decantan hacia la jihad mientras que otros no. Por decirlo en términos de laboratorio, estudia a los fanáticos comparados con un grupo control. Estudia 29.000 fatwas, artículos y libros escritos por 91 clérigos saudíes y egipcios principalmente. No se los ha leído todos, sino que aplica un sistema de identificación de términos significativos que clasifica automáticamente un texto como jihadí o no jihadí. Comprueba que su detector de jihadistas funciona correctamente (lo calibra con un patrón) comparando sus resultados con una lista de 56 jihadistas publicada en el Militant Ideology Atlas – Executive Report (McCants, 2006). Le funciona tan bien que hasta detecta un error en esta obra (McCants había colocado un clérigo en el bando equivocado). En paralelo analiza cómo les va a los autores de los textos en su carrera profesional, información que está disponible en la red porque muchos tienen página personal y los creyentes musulmanes intercambian información sobre la trayectoria de los diferentes sheiks. Mediante búsqueda automática de términos averigua si han estado en prisión, si administran donaciones, sus cargos y prebendas.

Según sus conclusiones, el jihadismo es una apuesta profesional en la que el imán evalúa sus oportunidades de medrar en las redes profesionales del islam. Existe un proceso de funcionarización del clero musulmán, muy evidente en Egipto a partir de los años cincuenta. El objetivo para el aspirante es acaparar los puestos mejor remunerados que reciben dinero del estado, para lo cual debe rechazar las opiniones jihadistas, especialmente aquellas que hacen referencia al enemigo occidental.

Los clérigos que proceden de circuitos educativos más pobres no pueden aspirar a alcanzar las relaciones necesarias para acceder a los puestos más codiciados. A falta de recomendaciones, estos últimos juegan la baza del jihadismo para mostrar su independencia del poder político y ganar popularidad. Es una opción costosa que puede llevarles a la cárcel, pero que les puede proporcionar donaciones y cargos bien remunerados.

La posición social del clérigo está muy relacionada con su procedencia. Existen  dinastías de clérigos. Los que proceden de una de ellas y están bien relacionados tiene menos posibilidades de ser jihadistas, y si lo son, tienen menos posibilidades de ir a la cárcel. El haber tenido contacto con el mundo occidental aumenta ligeramente las probabilidades de jihadismo. El origen social y los indicadores económicos no son significativos. Lo que más indudablemente juega el rol principal es la socialización. La familia, los centros de enseñanza y los maestros.

La enseñanza del islam es fundamentalmente memorística. Estudian de memoria el Corán (los que se lo saben entero, los hafiz, gozan de especial reputación), los hadices o dichos del profeta, los sira (pasajes de la vida de Mahoma) y los tafsir (interpretaciones del Corán). La elección de qué textos se memorizan marca profundamente la orientación de cada clérigo durante ese periodo de aprendizaje en el que la reflexión o la crítica son inexistentes.

Los factores que favorecen la radicalización de los creyentes de a pié son básicamente:

La alienación, ese mecanismo por el que los individuos mal adaptados al grupo buscan sentirse especiales militando en ideologías y grupúsculos de signo radical.

El desconocimiento de los principios del islam por parte de muchos musulmanes de actitud no religiosa les lleva a convertirse en musulmanes “renacidos” de la mano de religiosos extremistas. Un fenómeno parecido ocurre en el cristianismo. Los radicales reclutan a sus seguidores entre gente con una base religiosa, educados en el islam, pero desarmados ante la propaganda. Eso no quiere decir que los clérigos jihadistas sean ignorantes. Tienen una formación más heterodoxa que los clérigos mejor situados, pero muchos están en la élite de los religiosos.

La pobreza. Es materia de debate qué papel tiene la pobreza en todo este asunto. Para algunos es la causa fundamental, pero los que creen tal cosa deben explicar por qué los terroristas proceden de clases sociales acomodadas y han disfrutado de más recursos y mejor educación que la inmensa mayoría de los musulmanes.

Hay una reciente reflexión sobre este asunto en este artículo de Alexander Lee: “Who Becomes a Terrorist? Poverty, Education, and the Origins of Political Violence.” World Politics 63 (2) 2011. Estudia el terrorismo en el caso del conflicto de Bengala (1907-1908) y las características sociales y económicas de bengalís implicados y no implicados en actos terroristas, basándose en los datos de la policía británica, que reprimía tanto a unos como a otros. Llega a la conclusión que la radicalización es mayor en los estratos superiores de la sociedad, aunque no en los más altos. Vamos, que el terrorismo es cosa de gente de clase media con estudios de bajo nivel. Y la clase media en la Bengala de esos tiempos era una parte muy pequeña de la sociedad.

Su conclusión es que la pobreza no es necesariamente el gérmen de la violencia política, aunque tal vez sí lo sea la falta de expectativas. Lo más peligroso es el abandono de la enseñanza secundaria de los jóvenes políticamente comprometidos.


La ciencia y el cotilleo: el Programa Fuerte

24 diciembre 2012

Bruno Latour es uno de los escépticos más radicales respecto a la ciencia como herramienta de conocimiento. Es uno de los padres del Programa Fuerte de sociología de la ciencia, que pretende juzgar la ciencia sin entrar a valorar sus métodos ni sus resultados. Creo que es difícil perder el tiempo con una investigación más insustancial. Si algo caracteriza la ciencia y por algo nos ocupamos de ella es por sus resultados, que son producto de sus métodos. Es como estudiar un grupo humano sin considerar sus realizaciones ni sus métodos de trabajo.

Latour fue uno de los autores más atacados por Sokal, que se opuso frontalmente a que ingresase en la Universidad de Princeton. En su página web, Latour da por zanjado el tema de las guerras de la ciencia, aquello que comenzó Sokal con el artículo-farsa con el que puso en ridículo a tantos pensadores sobre todo franceses. Latour lo considera algo difunto después del libro “Los malentendidos…”; apenas una divertida anécdota derivada de un malentendido entre pensadores que discuten sobre cuestiones de matiz. En su página escribe algo que puede parecer a primera vista una “oferta de paz”. Tiene palabras muy bellas (escribe bien) para la ciencia, que “con una magnanimidad realmente admirable permite a todos, cualquiera que sea su etnia de origen, convertirse en universales como ella, y pertenecer a este país sin antepasados, a esta etnia sin ritual, a este país sin fronteras, el de la razón que accede a la unificación de la naturaleza a través de la objetividad académica y la discusión racional”. Pero (por supuesto, había un pero)… cuando por fin aparece ese Hombre Universal es simple “nature animale”, biofísico, neuronal, sin sentido de la existencia.

Así que Latour estaba haciendo una descripción irónica de la ciencia para, finalmente, acusarla de su principal pecado: el de privar a la Humanidad del sentido de la existencia. Un pecado que la ciencia arrastra desde su nacimiento.

Latour inició su campaña de desprestigio de la ciencia a finales de los 70 con el libro La vida en el laboratorio: La construcción de los hechos científicos. Un libro que está planteado como un trabajo antropológico sobre algo así como una “tribu de científicos”. La idea del libro consiste en estudiar a los científicos de un laboratorio con métodos antropológicos sin concederles a priori ningún estatuto de expertos en nada. Los autores no saben nada de ciencia, pero no hace falta porque en su “investigación” los datos empíricos no son importantes. Según sus observaciones, los resultados de un laboratorio se deciden por pasilleo y cabildeo. El investigador que tiene más poder es el que decide qué datos valen y cuales son errores procedimentales. El título lo explica todo: los hechos científicos son una construcción social.

Imaginen a Latour y sus acólitos del programa fuerte estudiando a los geógrafos que elaboran un mapa. Imagínenselos de espectadores en una reunión en la que los geógrafos deciden qué accidentes representar, que topónimos poner y qué coordenadas se emplean. Estoy seguro de que estos sociólogos llegarían a la conclusión de que los geógrafos construyen el territorio. Como además no saben leer un mapa, ni les interesa, no podrían juzgar si el producto es bueno o malo. Y, naturalmente, no entienden las opiniones de los geógrafos. Todo se reduce para ellos a cuestiones sociales. Pero algunos pensamos que conocer a la perfección los entresijos del gremio de los geógrafos, sus líos de cama y sus circunstancias personales no te va a ayudar a entender los mapas ni la Geografía. Ese enfoque únicamente sirve para criticar su trabajo de una forma puramente destructiva.

Es preocupante que La vida en el laboratorio todavía se lea en las facultades de sociología y haya quien lo considere un clásico. Así que, si Latour fuera sincero en su oferta de paz, debería empezar por reconocer que su libro es una tomadura de pelo producto del desprecio de sus autores por la ciencia y de su desinterés por entender su funcionamiento. Pero no es esperable, para los posmodernos todo forma parte de esa obra de teatro tan divertida que se llama Filosofía.


Enhorabuena Eparquio

18 diciembre 2012

Primera iniciativa política de rechazo a las seudociencias

2 diciembre 2012

La izquierda necesita debatir a fondo su actitud ante la ciencia y parece que ese debate podría producirse en el próximo congreso federal de Izquierda Unida. El psicólogo Eparquio Delgado ha liderado una inciativa para que el congreso apruebe una resolución en estos términos:

1. Izquierda Unida apuesta por la defensa de la salud a partir de tratamientos basados en la evidencia y la promoción del bienestar físico, mental y social de las personas.

2. Izquierda Unida rechaza aquellas propuestas terapéuticas que no han demostrado ser eficaces para las diferentes enfermedades o trastornos hasta que existan pruebas sólidas que demuestren esta eficacia, como ocurre hasta este momento con la homeopatía, la acupuntura y otras terapias pseudocientíficas.

3. Izquierda Unida propone que los poderes públicos promuevan la educación y formación de los consumidores en materia de salud, y regulen de manera efectiva la publicidad engañosa de cualquier procedimiento supuestamente terapéutico que no cuente con evidencias suficientes sobre su eficacia.

4. Izquierda Unida rechaza que se incluya en el sistema sanitario público ninguna práctica médica o medicamento que no haya demostrado su eficacia según criterios exclusivamente científicos. Igualmente, rechaza que se financie con dinero público a instituciones que promueven la difusión y divulgación de procedimientos terapéuticos pseudocientíficos que confunden a la ciudadanía y ponen en peligro su salud.

IU se convertiría en el primer partido en manifestar un rechazo expreso al pujante negocio de las seudociencias de la salud. No sé cómo acabará la cosa, pero plantear el debate ya merece la pena.


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