¿Debemos destruir la Universidad, maestro?

26 septiembre 2012

 

Nuestra generación padeció los excesos experimentadores de muchos profesores y maestros que pretendían liberarnos y no sabían cómo hacerlo. Para liberar a alguien primero hay que identificar qué es lo que le oprime. Si la opresión consiste en llevar uniforme, entrar y salir a toque de pito y recibir collejas y palmetazos de los profesores, la liberación se puede concretar en la supresión de normas denigrantes. Pero si lo que nos oprime es el SISTEMA, entonces agárrate porque la educación (mi educación) se convierte en un experimento de subversión del sistema.

La subversión del sistema puede consistir en sentarse unos frente a otros, profesor y alumnos mezclados, para ver si alguien se anima a enseñar a los demás lo que sabe en un plano de igualdad, porque el esquema profesor-alumno es parte del sistema opresor. El resultado (diez minutos de silencio incómodo) no hizo tambalearse al sistema opresor, sino que más bien nos ayudó a entender por qué goza de tan buena salud.

Recuerdo un debate en el programa “La Clave” sobre la Universidad. Uno de los invitados, catedrático de no sé qué, suelta: “Hay que acabar con la Universidad y que cada hombre enseñe a cada hombre lo que sabe.” Para mi asombro, todos los invitados estuvieron de acuerdo. Yo era adolescente y me sorprendió que todos aquellos profesores universitarios considerasen que la eliminación de la Universidad era lo deseable. Luego empezaron una discusión demasiado oscura para mí, empezé a aburrirme y me fui a la cama a leer.

Supongo que todos aquellos universitarios tan iconoclastas siguen en sus cátedras o se habrán jubilado sin lograr su ansiado objetivo, la destrucción de la Universidad, al menos voluntariamente.

En ésas estábamos cuando llegó el paradigma oriental. La verdadera liberación era interior. ¡Claro!… Por eso no conseguíamos nada. La respuesta estaba en la sabiduría de Oriente, las artes marciales, la meditación, el yoga, el zen y el cuenco tibetano. Nadie parecía reparar en el hecho de que las sociedades orientales eran más rígidas, clasistas, injustas y opresoras que la nuestra. Extraños maestros para liberarse.

¿Cómo es posible que llegara a triunfar un conjunto de ideas tan estrambótico? Yo creo que el cine tiene algo que ver.

La película Karate kid ofrece un ejemplo del paradigma oriental en lo que a trasmisión de conocimiento se refiere. El maestro transmite conocimientos pero, sobre todo, actitud. Está enseñando artes marciales pero también un modelo de comportamiento y un modelo de enseñanza. El conocimiento debe ser divulgado como se divulga un secreto poderoso, de persona a persona, en voz baja y a cambio de sumisión.

No sé lo suficiente para saber si es un mito cultural, pero el paradigma oriental que hemos creado los occidentales dice que la enseñanza de los misterios de oriente consiste en seguir el camino de un maestro hasta que éste nos considera lo suficientemente sabios como para caminar solos. Las probabilidades que tenemos de seguir a un farsante que se hace pasar por sabio no son escasas, pero siempre podemos compensar el tiempo perdido aprendiendo las artes del farsante y atrayendo a discípulos ingenuos. Quizá sea ése el origen de los misterios de oriente.

Todos hemos sufrido maestros ineptos y farsantes pero, por fortuna, había otros que compensaban. Pero en kárate Kid, el alumno debe someterse servilmente a un solo maestro porque no le está permitido dividir su tiempo entre varios.

No conozco los pormenores de la historia de la educación, pero lo que me queda claro es que la diferencia fundamental es que en occidente la enseñanza, como el conocimento, son una tarea colectiva. La ilustración desarrolla la enciclopedia y el plan de estudios, que pretenden ordenar y poner en común lo que sabe para que pueda ser alcanzado por cualquiera (con mucho trabajo, desde luego) con el objetivo manifiesto de que desaparezcan las ciencias secretas y los saberes arcanos. La pareja maestro-discípulo, en el contexto occidental de transmisión del conocimiento, es una pareja sospechosa.


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