Desmitificando el motín de la Bounty

Tahiti

Uno de los dos grabados de la obra, el otro se ha perdido

El motín de la Bounty ha entrado en nuestra mitología contemporánea como una epopeya sobre la libertad. Vuelve a estar de moda a raíz de la publicación de una novela sobre el tema escrita por John Boyne, el autor de “el niño con el pijama de rayas”. Leyendo una entrevista a este señor recordé que tenía un librito antiguo que compré por e-bay (me gustaría poder decir que lo compré en una vetusta librería, pero la realidad no suele ser tan pintoresca). Se titula A description of Pitcairn’s Island and its inhabitants with an authentic account of the mutiny of the ship Bounty and of the subsequent fortunes of the mutineers, editado en Nueva York en 1872. Desde luego, con estos títulos decimonónicos no quedaba duda del contenido de la obra.

Lo más interesante del librito es la narración del famoso motín según las declaraciones del juicio, la narración del capitán Bligh y el testimonio del último superviviente, Adams. Por supuesto, en nada se parece a la historia que Hollywood pergeñó casi un siglo después. En cierto modo, los norteamericanos vinieron a representarse esta historia como una metáfora de su propia independencia nacional. Todos los elementos están presentes: El capitán, tirano e incapaz, representa la autoridad real y Cristian Fletcher es el libertador que se enfrenta al poder y lleva a los oprimidos a la isla Pitcairn, un nuevo mundo que colonizar y en el que fundar una comunidad de hombres libres. Pero basta ver la versión cinematográfica que hace Hollywood de un acontecimiento histórico para saber cómo NO sucedieron las cosas.

Los verdaderos motivos del motín tienen más que ver con el error de Bligh de permanecer demasiado tiempo con su tripulación en Tahití disfrutando de las atenciones de las nativas. Parece que la tirantez en los calzones de los marinos pudo haber sido una causa más plausible de la rebelión que los modos tiránicos del capitán, que por otra parte no tenían nada de excepcional en la marina británica.

Parece que John Boyne intenta rehabilitar al capitán Bligh. Es una pretensión muy exagerada porque era conocida su irritabilidad extrema y su mezquindad. Pero de lo que no puede haber ninguna duda es de su capacidad técnica como marino. Bligh fue compañero del capitán Cook, del que sin duda aprendió mucho. Pudo demostrar sus conocimentos cuando Fletcher le abandonó en un bote abierto con dieciocho leales, en el que, en una épica travesía de cuatro mil millas y 41 días de navegación, sin apenas provisiones, consiguieron llegar a Timor, una verdadera hazaña náutica. Bligh evitó tocar tierra porque los nativos, al ver un grupo poco numeroso y desarmado, podían atacarles, como de hecho hicieron con uno de los marinos que desembarcó en Tofoa, que murió apedreado.

Respecto a los amotinados, una parte se quedaron en Tahití y finalmente fueron capturados, llevados a juicio y ahorcados casi todos. Fletcher y nueve de los amotinados, junto con dieciocho polinesios (doce mujeres y seis hombres), llegaron con la Bounty a la isla Pitcairn y decidieron ocultarse allí en 1790. Parece que Fletcher como emancipador sólo tomaba en consideración a la raza blanca porque, al llegar a la isla, la dividieron en nueve partes iguales para los nueve ingleses. Los polinesios también entraban en el reparto, pero en el capítulo de bienes a repartir.

La mujeres eran parte del botín, por supuesto. Al poco tiempo, uno de los colonos, el marinero Williams, perdió a su mujer, que murió despeñada por accidente, y le arrebató la suya a uno de los polinesios. Estos se rebelaron contra este abuso y contra el trato denigrante al que les sometían los británicos. La revuelta fue sofocada con métodos más vergonzosos que los del tiránico capitán Bligh: Los blancos prometieron el perdón a los polinesios que matasen a los instigadores de la rebelión, y éstos fueron finalmente asesinados por sus compañeros. Una nueva revuelta el año 93 se saldó con la muerte de cinco colonos blancos. Los victoriosos polinesios se enfrentaron entre ellos en una sangrienta discusión por las mujeres y los blancos supervivientes aprovecharon la ocasión para acabar con todos ellos.

Los cuatro ingleses que se salvaron se enfrentaron de nuevo a raíz de la muerte por accidente de la mujer de uno de ellos. La historia de Williams se repetía. Adams y Young consideraron que no podían fiarse del irascible viudo, que había intentado matarles para quedarse con sus mujeres. Decidieron no darle otra oportunidad y lo asesinaron a sangre fría hacia el 99. Todo según la versión confusa del marinero Adams, que era el único inglés superviviente cuando la isla fue redescubierta en 1809.

Adams, que en realidad se llamaba Smith, consiguió evitar que le sacaran de su isla para llevarlo a juicio y murió en Pitcairn en 1829. Debía tener bien negra la conciencia con tantos crímenes porque, además de cambiarse el nombre, se había convertido en un meapilas que había inculcado la lectura de la biblia a toda su descendencia y lo que más deseaba era que un pastor anglicano se instalara en su isla para ayudarle a desterrar los últimos vestigios de salvajismo a su mestiza prole, a los que, por lo visto, les gustaba demasiado bailar.

La historia de la “República de Pitcairn”, es vergonzosa. Recuerda a “El señor de las moscas”, pero con componente sexual. Aquellos hombres escaparon de la horca únicamente para convertirse en negreros, violadores y asesinos.

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Una respuesta a Desmitificando el motín de la Bounty

  1. Hola, quería avisarte que gracias a tu dato encontramos el documento que comentás en Archive.org .

    Fijate acá si es el mismo que compraste a través de e-bay.

    Saludos y buenos vientos!!!

    Partido Pirata Argentino.

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