¡Maravíllese, hombre! (pero sin preguntar)

Magnífico artículo de Julia Galef en http://rationallyspeaking.blogspot.com/2010/05/insane-clown-posse-and-miracles-of.html.

Julia comparte de todo corazón los sentimientos de aquellas personas que prefieren el mundo real a los mundos de ficción. Somos muchos los que pensamos que hay más magia en el mundo que tocamos todos los días que en la Tierra Media o en Pandora. Los grandes poetas no son los que  inventan mundos en los que viven criaturas fantásticas, sino los que nos enseñan a mirar el mundo en que vivimos. Sin embargo, por alguna razón, aunque sintamos que la contemplación del mundo nos maravilla hasta quitarnos el aliento, las explicaciones de un científico sobre lo que estamos contemplando nos provocan bostezos.

Cita a Whitman, epítome de esa visión romántica de contemplación embelesada del misterio de la naturaleza, misterio que el científico rompe con su falta de sensibilidad. En un poema, Whitman explica cómo le repugnan las explicaciones de un astrónomo sobre el cosmos. Él prefiere el embeleso místico de la contemplación de las estrellas.

En nuestros poetas es más difícil encontrar este conflicto porque la ciencia ha sido una anécdota en el panorama intelectual español, aunque algo podemos encontrar en Unamuno. Se ve que a Whitman, cuando estudiaba,  lo llevaron a un observatorio. A los poetas españoles sólo los llevaban a misa.

¿Por qué preferimos la contemplación en éxtasis babeante a la divulgación científica? Julia Galef propone tres explicaciones para el fenómeno de “maravillarse sin curiosidad”.

  • -Ignorancia matemática. Hay gente que se considera culta pero que tiene dificultades para resolver una ecuación de segundo grado. Solucionan su problema desdeñando la ciencia por entero.
  • -Falta de empatía sentimental con entes bellos y complejos… pero inanimados. A la narración científica le faltan personajes con cara y ojos.
  • -La pérdida de protagonismo cósmico. En la narración científica tenemos muy poco papel.

Ella lo explica todo mucho mejor, así que no voy a repetirlo. Me quedo con la cita final, del Obispo Samuel Horsley (fíjate tú… un obispo)

El asombro, vinculado a un principio de curiosidad racional, es la fuente de todo  conocimiento y de todo descubrimiento, pero el asombro que termina en asombro, y se conforma con el asombro, es la condición del idiota.

Una respuesta a ¡Maravíllese, hombre! (pero sin preguntar)

  1. Glòria dice:

    Hola Fusi,
    Todos en el fondo buscamos alcanzar la belleza, observarla o poseerla.Pero la belleza es también sinónimo de perfección. Buscamos la perfección y la bondad en la belleza.
    Yo soy una negada confesa con la matemática, pero no la desdeño porque gracias a ella tenemos maravillosos edificios barrocos, o rascacielos infinitos, o partituras con multiplicidad de notas como las de Mozart.Y qué me decís e los fractales? Los cito mucho , pero es que son una maravilla. Los irrepetibles cristales de nieve son otro gran ejemplo de que la belleza tiene una base científica, que no vemos a simple vista, pero que hay que valorar.
    Dicho esto, yo prefiero contemplar.

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