Sigo yendo con la OMS

A pesar de las maniobras de las farmacéuticas que supuestamente han viciado las decisiones de la OMS con respecto a la gripe, sigo pensando que la OMS es un organismo necesario, fiable y comprometido con la salud de los países más pobres.

La OMS tuvo que tomar decisiones muy rápido. Me pregunto qué hubiéramos hecho cualquiera de nosotros en una situación como la de abril del 2009 en México, con ocho muertos para menos de 300 casos. Varios meses después todo el mundo era experto en el tema y se daba pábulo a toda clase de teorías apocalípticas.

Las personas que trabajan en la OMS lo hacen con seriedad y sus opiniones y actuaciones en muchos asuntos han ido en contra de los intereses de grandes compañías. Ocurrió con los antirretrovirales genéricos, con la leche maternizada en África…

En 2003 la OMS consiguió que 168 países acordasen tomar medidas contra el tabaquismo, ganándose con ello el eterno agradecimiento de Philip Morris. Ese mismo año, se enfrentó públicamente a la Iglesia Católica por las irresponsables declaraciones del Papa sobre el preservativo, que desde entonces la tiene presente en sus oraciones . También en el 2003, la industria azucarera norteamericana intentó que los EEUU dejasen de financiar a la OMS (unos 400 millones de $) porque no les gustó nada su informe sobre dieta y nutrición, que arremetía contra los azúcares añadidos. La presión de las azucareras fue fortísima, un buen ejemplo de matonismo contra la ciencia que recuerda, paso por paso, lo que el lobby negacionista del cambio climático está haciendo con el IPCC y con las instituciones científicas. La argumentación era la misma: que las adevertencias sobre los peligros de la dieta saturada de azúcar y la comida basura carecían de base científica. Y la amenaza también es la misma: cortar la financiación.

Así que la OMS no ha ido ganado precisamente amistades. Su lista de enemigos es para acojonar a cualquiera.

Y así, la financiación de este organismo y de todas las agencias de la ONU ha ido recortándose por parte de los estados. Actualmente depende en un 80% de aportaciones voluntarias (de ONGs, empresas farmacéuticas, fundaciones y aportaciones finalistas de los estados) en las que el donante tiene la capacidad de decidir a qué se dedica su aportación. Esto tiene efectos perversos y parece imposible volver a un sistema de financiación regular a base de aportaciones obligatorias que garantice la independencia.

Es algo que ocurre con todos los organismos internacionales. Su mera existencia es una molestia para mucha gente importante. Es algo que comenzó en la era Reagan y que no se ha corregido. Como consecuencia, la OMS depende cada vez más de la buena voluntad de las farmacéuticas para mantener sus campañas de vacunación en los países pobres. Y yo creo que en África hay que poner la triple vírica y todas las vacunas que se puedan poner, porque no existe un sitema de salud decente. Si fuera mi responsabilidad, aceptaría vacunas a bajo precio aunque me las regalase el propio Hitler en persona.

Espero que todo el escándalo sirva para que se corrijan ciertos criterios (la definición de pandemia quizá) y ciertas prácticas que parecen amparar el secretismo. La OMS no puede permitirse el más mínimo error. Sus enemigos están esperando cualquier oportunidad para hacerla caer en el descrédito.

Pero seguimos necesitando a la OMS. Cada vez más.

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