Ossian. El bardo fabuloso

Durante la primera mitad del XIX Ossian era una de las lecturas más elevadas y embriagadoras que uno podía llevarse al coleto. Los jóvenes instruidos y con inquietudes estéticas se entregaba a su lectura y, de tanto en tanto, elevaban la vista al cielo y ponían los ojos en blanco.  Ossian, un bardo escocés del siglo tercero, narraba las aventuras del héroe Fingal y su hijo Óscar en su lucha, entre otros, contra Caracul, hijo del “Rey del Mundo”. Este Caracul no es otro que Caracalla, que combatió a los Caledonios hacia el 208, cuando aún no era emperador. Lo del “Rey del Mundo” se refiere a su padre, el emperador romano Severo. La obra tenía la altura épica de las grandes obras de la Antigüedad, en pie de igualdad con la Ilíada o la Enéida. El bardo Ossian era el Homero céltico.

El poema vio la luz en 1760, publicado en inglés por Mcpherson, un poeta escocés que decía haber encontrado el manuscrito en los Highlands y que se limitó a traducirlo. El éxito fue muy rápido. A principios del XIX había sido traducido a la mayoría de lenguas cultas de Europa y Napoleón y Jefferson lo tenían entre sus lecturas favoritas. William Blake, Thoreau, Byron, Walter Scott y Elizabeth Barrett Browning, entre otros, lo admiraron e imitaron. Mendelssohn, Schubert y Brahms le dedicaron composiciones. Ingres pintó este “Sueño de Ossian” para Napoleón. Los personajes del cuadro parecen griegos o romanos, porque aún no existía la imagen popular de los celtas con pantalones a cuadros.


Goethe leyó los versos y le entusiasmaron tanto que los tradujo al alemán y los editó. El protagonista de una de sus mejores novelas, el joven Werther, paradigma del romántico en busca de lo sublime, impulsivo y suicida, se extasiaba con los versos de supuesto bardo. Pero lo cierto es que Goethe había caído de cuatro patas en un engaño.

A nadie le llamaba la atención que el resto de ejemplos conservados de literatura escocesa antigua fuesen muy diferentes. Se trata en general de crudelísimas descripciones de batallas, hechas para satisfacer los oídos del reyezuelo vencedor. La obra de Ossian era radicalmente distinta, con un protagonista, el rey Fingal, generoso y clemente, mientras que los romanos eran cobardes, brutales y viciosos. En comparación, los valientes escoceses son los nobles hijos de la montaña. Para contentar aún más al lector romántico, el poema incluía una trágica historia de amor entre el protagonista y Agandecca, algo sin precedentes en la literatura céltica antigua. Edward Gibbon, erudito e historiador, autor de la monumental “Decadencia y Caída del Imperio Romano” sospechaba de éstos y otros detalles anacrónicos del poema y se mostraba escéptico.

Pero el resto de sus contemporáneos no hilaban tan fino. La literatura céltica sólo eran conocidas por una minoría y, por otra parte, no existía un conocimiento técnico sobre el pasado tan asentado como el actual. La Arqueología apenas se diferenciaba del coleccionismo de antigüedades. Los celtas todavía eran un pueblo misterioso al que se le daban multitud de orígenes, algunos bastante pintorescos, y los restos de su civilización se confundían con los pertenecientes a la edad de bronce. Todavía hoy, hay gente que cree que las piedras de Stonehenge las erigieron los celtas por orden de sus druidas y, sin embargo, los megalitos del Atlántico son anteriores en 1000 años o más a la llegada de los celtas. Obélix debía tener poco trabajo, los menhires ya estaban todos repartidos.

Hacia 1900, una comisión de la Highland Society of London se interesó por las fuentes originales de Mcpherson sin conseguir ver el manuscrito original, que nunca apareció.  Derick Thomson en The Gaelic Sources of Macpherson’s ‘Ossian’ (1952), concluye que la obra es una construcción realizada con fragmentos de poesía popular de tradición oral.

En España también tuvo su repercusión. Eduardo Pondal (1835-1917), poeta gallego, lo empleó como referente para crear su propio personaje poético. Supongo que para entonces el mito ya estaba lo suficientemente cuestionado como para pasar de ser considerada una fuente histórica a ser solamente fuente de inspiración, que es en lo que invariablemente acaban convertidas nuestras patrañas más amadas.

Ossian cayó en el descrédito y el olvido antes de internet. Si no, estoy seguro de que todavía existirían los ossianistas. En fin, Jonathan Swift decía que la felicidad es el privilegio de ser bien engañado, así que para los que queráis probar, aquí hay un versión inglesa en pdf.

Una respuesta a Ossian. El bardo fabuloso

  1. emanuel587 dice:

    gracias

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