La lenta pero a ratos divertida decadencia de la posmodernidad (2)

Alan Sokal, profesor de Fisica de la Universidad de Nueva York, se dedicaba a lo suyo, la ciencia, hasta que leyó el libro de Gross y Levitt Higher Superstition: The Academic Left and its Quarrels with Science (Johns Hopkins University Press, 1994), que no ha sido traducido al español. El libro es una denuncia de los disparates pedantes que llegan a decir en materia de ciencia algunos periodistas, políticos y profesores de la “izquierda académica”. Parece que entre buena parte de la izquierda era de buen tono despotricar contra la ciencia y considerarla parte del discurso del sistema capitalista. Pero todo envuelto en un lenguaje pedante, enrevesado y lleno de referencias científicas, como por ejemplo, este fragmento de Deleuze:

En primer lugar, las singularidades-sucesos corresponden a series heterogéneas que se organizan en un sistema ni estable ni inestable, sino “metaestable”, dotado de una energía potencial en la que se distribuyen las diferencias entre series (…) En segundo lugar, las singularidades gozan de un proceso de autounificación, siempre móvil y desplazado en la medida en que un elemento paradójico recorre y hace resonar las series, envolviendo los puntos singulares correspondientes en un mismo punto aleatorio, y todas las emisiones, todos los lanzamientos, en un mismo gesto de lanzar. En tercer lugar, las singularidades o potenciales aparecen en la superficie. Todo sucede en la superficie, en un cristal que no se desarrolla sino por los bordes.

¿Entiende usted algo? ¿No? No se preocupe, hay motivos para sospechar que textos como éste, en realidad no quieren decir nada.

En el libro de Gross y Levitt se ponían estos y otros ejemplos de charlatanería tan increíbles que nuestro héroe tomó conciencia del problema y decidió que había que armarla.

En 1995 Sokal envió un articulo a la revista Social Text, publicación de prestigio en el ambito de los estudios culturales estadounidenses. El artículo se titulaba “Trasgrediendo las Fronteras: hacia una Hermeneutica Transformacional de la Gravitacion Cuántica” y contenía disparates intencionados tales como que la atracción gravitatoria es una cuestión de consenso cultural, que el número pi no es realmente una constante y que toda la física es una construcción ligüística y social. Sospechaba que si todo eso se exponía en un lenguaje enrevesado, lleno de referencias “progres” y sazonado con citas de Derrida,  Deleuze,  Kristeva, o Lacan, pasaría. Efectivamente, la revista lo publicó y está claro que sin entenderlo, porque nadie podía entender el artículo y tomárselo en serio.

Sokal denunció toda la maniobra en la revista Lingua Franca, dando lugar a uno de los episodios más divertidos de lo que se llamó las “guerras científicas”.

Posteriormente, en el libro “imposturas intelectuales” Sokal y Bricmont demenuzan el uso del lenguaje científico por parte de los autores más relevantes de la izquierda académica. Su conclusión es que se emplean términos y conceptos científicos de modo estrambótico, injustificado o completamente erróneo para impresionar a los lectores.

Uno de los más embaucadores es Lacan, controvertido renovador del psicoanálisis que usa fórmulas y conceptos matemáticos en sus libros. Sokal denunció que Lacan no tenía ni idea de lo que estaba diciendo cuando aplicaba las matemáticas al psicoanálisis, y sus lectores tampoco; aún así Lacan estaba convencido que había reducido el psicoanálisis a la teoría de conjuntos. Y eso sin saber gran cosa de matemáticas: confunde los números irracionales con los imaginarios y, además, insiste en que no se trata de metáforas. Su creación “matemática” más famosa es la equivalencia entre el pene el número i:

Es así como el órgano eréctil viene a simbolizar el lugar del goce, no en sí mismo, ni siquiera en forma de imagen, sino como parte que falta de la imagen deseada: de ahí que sea el equivalente de raíz de -1 del significado obtenido más arriba, del goce que restituye, a través del coeficiente de su enunciado, a la función de falta de significante: (-1).

O sus apelaciones a la topología, una rama de las matemáticas, tan alucinantes como inútiles:

El esquema de Lacan para frustración. La demanda de uno y el deseo del otro dentro de una dialéctica neurótica.

George Orwell observó en una ocasión que el pensamiento político, particularmente en la izquierda, es una especie de fantasía masturbatoria en la que el mundo de los hechos apenas cuenta. Eso es verdad, por desgracia, y es parte de la razón por la que en nuestra sociedad no existe un movimiento de izquierdas serio, auténtico y responsable.  Decir que todo el conocimiento es sospechoso es reaccionario e hipócrita cuando el que lo dice es un burgués con título universitario que va al médico en cuanto le duele algo.

Yo creo que las cosas están cambiando y ahora es la derecha la que empieza a desconfiar de la ciencia. Los republicanos de los USA se han convertido en un partido anti-ciencia. Además del tradicional creacionismo bíblico, ahora acogen a los antivacunas como los nuevos héroes de ese individualismo tan propio del Far-West. “Nadie puede quitarme mi arma, nadie puede obligarme a vacunar a mis hijos” diría John Wayne. El discurso anticientífico del partido republicano ha sobrepasado hace tiempo el límite del ridículo. Nosotros, aunque estamos en la periferia de este debate, también podemos contemplar cómo nuestra derecha se post-seculariza y comulga con los obispos, la versión española de los telepredicadores.

Respecto al mundo académico, la posmodernidad tiene bastante de reacción gremial de unos sujetos que estaban acostumbrados a ser los que elaboraban la visión del mundo, la historia y el pensamiento y que ven cómo van siendo arrinconados por las revoluciones conceptuales que representan los descubrimientos científicos. Ante su desplazamiento del centro del debate, estos pensadores han pergeñado una especie de “culto cargo” en el que se emplean palabras, procedimentos y actitudes aparentemente científicas intentando invocar el prestigio que habitualmente las acompaña. Así Lacan sería como el papú que habla con una lata en la mano como si fuera el micrófono de una radio. No sabe comunicarse con los aviones que traen el cargo, pero mantiene su prestigio ante los otros papúes.

En el próximo capítulo: La respuesta posmoderna.

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7 Responses to La lenta pero a ratos divertida decadencia de la posmodernidad (2)

  1. Confusio dice:

    El uso del toro en Lacan no es una metáfora (se supone que la metáfora sirve para explicar, no para embrollar), ni un símil (que nadie está capacitado para entender), no es una aproximación teórica tampoco porque no sirve para extraer ninguna predicción. En resumen, no sabemos que es ni para que sirve, pero queda chulo.

    Siempre os queda recurrir a eso de “tú no lo entenderías”. Antes la gente respetaba el psicoanálisis, pero lleváis demasiado tiempo haciendo pasar lo oscuro por profundo y ya se os ve mucho el plumero.

    Ahora sabes cómo se sentía el emperador cuando el chiquillo gritaba “¡pero si está desnudo!”

  2. Es interesante cómo planteas que el psicoanálisis es ciencia. Decir eso es equivalente a decir que la poesía es ciencia. Claro que Sokal no tiene ni la más remota idea del psicoanálisis y si la tiene se quedó en el Freud del siglo XIX cuando intentaba hacer del análisis una ciencia. El uso del toro en Lacan es simplemente una atribución de un sistema matemático a otro analítico. No opera de la misma manera. Para poder hacer una verdadera crítica necesitarías imbuirte en la teoría analítica, no verlo desde el discurso de la ciencia. Traes los lentes interpretativos erróneos.

  3. Confusio dice:

    Sí, es verdad que el cerebro es algo muy complejo. Pero Lacan ha demostrado que él puede hacerlo más complejo aún. El talento de un científico tiene que ver con su capacidad de simplificar, no con la de embrollarlo todo con chorradas que no vienen a cuento. Y lo de la topología para explicar la frustración, simplemente, no viene a cuento.

  4. Plotino dice:

    No tiene nada de extraño que para explicar la mente Lacan recurra a las matemáticas superiores. Los físicos han convertido la física de partículas en puras matemáticas. El cerebro es la estructura más compleja que existe.

  5. Confusio dice:

    Bueno, Plotino, me parece que no tiene nada de racista comparar a Lacán con unos aborígenes que tienen su propia estrategia en la búsqueda del conocimiento de la realidad que no sigue las pautas occidentales. Si el culto cargo de los papúes te parece ridículo quizá es que el racista eres tú.

  6. Plotino dice:

    Como si la ciencia fuera muy racional. Basta una mirada a la física o las matemáticas del siglo XX. Estos científicos creen explicarlo todo y la conclusión es que no hay explicaciones, sólo fórmulas.
    Lacan es un pensador muy profundo para intentar ridiculizarlo con una frase graciosa que, además, es racista.

  7. srcincuenton dice:

    Lamentablemente estos charlatanes posmodernos con su reducción de “la ciencia” a un mero discurso, han dado argumentos a todos los manosantas, lectores de auras, numerólogos y demás estafadores que argumentan que “sus creencias” son tan buenas -incluso mejores- que las aburridas, arduas y racionales nociones científicas

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