Bebe y olvida

Hace algunos años el Grupo Pascual realizó una campaña larga y costosa para conseguir que su yogur pasteurizado se pudiera llamar “yogur”, nombre reservado hasta entonces a los yogures refrigerados que contienen bacterias vivas. Lo consiguieron, pero se saldó con un fracaso comercial. Parece que los consumidores siguieron diferenciando un producto vivo de otro cocido.

Para conseguir este cambio en la legislación, los promotores de los pasteurizados Pascual e Irpalat, debieron hacer mucho pasilleo. Tenían en contra a Danone y las asociaciones de consumidores y a favor a los productores de leche y el ejemplo las legislaciones anglosajonas. El argumento estaba servido: Si uno señores tan listos como los ingleses o los alemanes lo llaman yogur ¿cómo podemos nosotros resistirnos a seguirles? Pues quizá porque esos señores tan listos se alimentan peor que nosotros.

Masaru Emoto. Un supuesto científico que ha consiguido vivir del agua.

El Grupo Pascual vuelve a la carga con la misma estrategia. Convertir un producto en otro. La publicidad tiene la capacidad de crear diferencias entre cosas idénticas y ahora la publicidad convierte el agua mineral en una experiencia mística. Han contratado a un gurú del agua, Masaru Emoto, que dice que el agua tiene inteligencia, voluntad y que expresa sus emociones . Para demostrarlo Emoto hace experimentos tan científicos como pegarle a un frasco de agua una etiqueta con una palabra escrita. Si la palabra es agradable, al cristalizar el agua hace formas bellas. Si la palabra es fea y desagradable, los cristales son feos también. Para los muy, muy ingenuos explicaremos el truco: las muestras son indistinguibles; lo que hace este señor es elegir los cristales bonitos de unas muestras y los cristales feos de las otras. Su “agua sensible” no pasaría una prueba controlada. Así que no es cierto que el agua tenga memoria. Ni siquiera Bezoya.

Pero de nuevo el pasilleo. Han conseguido que Punset le haga una entrevista a este iluminado este en la que no hay ni una sola pregunta crítica. Punset cae de rodillas ante la revelación. En nuestras tierras Gabriel Janer Manila también ve la luz revelada y embotellada y nos lo explica como si fuera el último descubrimiento científico sobre el que construir poéticas reflexiones. Ya sé que ni Punset ni Janer Manila tienen formación científica, pero no me parece éticamente correcto que un intelectual de pábulo a supersticiones y menos si tienen intención comercial.

Yo recomiendo a los consumidores que no quieran que su dinero vaya al bolsillo de vendemilagros que prueben otras marcas de agua que tienen una composición parecida. Yo encontré una de Teruel que se vende en botellas de dos litros, de composición muy parecida a la Bezoya y más barata, debe ser por su falta de memoria.

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