El test de Rosa

El test de Rosa intenta comprobar la percepción de la “energía” a través de las manos.

Parece que lo del toque terapéutico está muy extendido entre enfermeras (generalmente mujeres) de hospitales de los EEUU. Funciona bien con niños. No digo que no.

Estamos ante una versión clínica del sana-sana-culito-de-rana, que se ha actualizado con un nombre rimbombante por aquello de que hay que reinventarse. El TT (Therapeutic Touch) consiste en aliviar el dolor mediante la manipulación de los “campos de energía” del cuerpo a través de algo parecido a la imposición de manos, pero sin contacto porque nació en los EEUU, donde se considera violento tocar a desconocidos, Fue propuesto en los setenta por Dolores Krieger, de la facultad de enfermería de la New York University. Hizo un batiburrillo oriental entre el prana y el qi tan del gusto de la época. Ha sido retomado posteriormente por ciertas corrientes teóricas en enfermería como la Rogers.

Pero incluso una revista que se titula Terapias alternativas en salud y medicina reconoce que las evidencias son muy débiles y que los estudios están mal hechos. Aquí dicen que es éticamente cuestionable y no tiene base ninguna. Pero funcionar, seguro que funciona. El toque terapéutico es un mito, por supuesto, pero que sea mentira no significa que sea inútil. Ayuda a pacientes en estado grave a relajarse y dormir, dice aquí y aquí. El problema es que el efecto de la atención por sí sola es indistinguible del TT. Para hacer un estudio serio hay que comparar con un falso TT (sham o mimic TT) y eso es bastante difícil de hacer cuando estamos hablando de pacientes reales y enfermeras reales, a las que estamos obligando a hacer una pantomima. Este estudio iraní comprara el efecto de enfermeras intentando el TT en pacientes de cáncer, comparado con enfermeras que ponen las manos mientras cuentan de 1 a 100 mentalmente. El estudio muestra que, a medida que pasan los días el TT falso y el auténtico se parecen cada vez más. En mi opinión, las enfermeras y los pacientes están llegando en ambos casos a la misma situación. Alguien que padece dolor y está asustado es confortado por la presencia del cuidador.

En 1994, la Universidad de Alabama hizo un estudio más completo en el que se comparó el TT con falso TT. Los resultados mostraron algún efecto del auténtico TT en lo que los pacientes describían que sentían. Sin embargo, no hubo diferencias en el consumo de analgésicos en los dos grupos.

Creo que hay que mirar estas prácticas con cierto distanciamiento y considerar que ahorran dinero porque evitan el consumo de fármacos. Incuso yo, con todo mi escepticismo, agradecería que una enfermera (o enfermero) pasase conmigo 30 minutos “imponiéndome las manos” , aunque esté contando de 1 a 100, en lugar de verlas simplemente ir y venir. Es la diferencia entre ser uno más y sentirse atendido. Quizá habría que enseñar a los profesionales de la salud a empatizar más con aquellos pacientes que responden bien a estas cosas. Aunque no siempre es necesario; mi médico de cabecera, por ejemplo, es bastante seco en el trato personal, pero siempre hay mucha cola en su consulta porque lo consideran un buen  médico a pesar de que no empatiza nada. Parece que es necesario transmitir autoridad en unos casos y afecto en otros. Por supuesto, de nuevo, el reparto de estereotipos profesionales va ligado al sexo. Autoridad los hombres y afecto las mujeres…(Buf… qué aburrimiento).

El problema con el TT empieza cuando pretende sustituir a los tratamientos convencionales o sus practicantes se creen que poseen algo más que capacidad de empatizar con el paciente y empiezan a hablar de “campos de energía”.

Hace catorce años que se publicó este artículo de Rosa et al. (1998). Incluye una revisión de unos 600 artículos que hablan del toque terapéutico. Sólo 74 eran estudios cuantitativos, 23 daban resultados que no apoyaban la hipótesis. Ocho no encontraron resultados estadísticamente significativos, 3 admitieron que su muestra no era adecuada, 2 eran inconclusivos y 6 encontraron efectos negativos (!), concretamente, sospechaban que un exceso de “energía” provocaba hiperactividad en niños. Cuatro eran intentos de repetir resultados positivos previos, que no tuvieron éxito.

En vista de tan pobre panorama, los autores se proponen comprobar empíricamente la capacidad de las personas que usan el  toque terapéutico para detectar los “campos de energía” del cuerpo. El resultado del test de Rosa no puede ser más decepcionante. Ninguna fue capaz de detectar nada.

Los detalles de la prueba son interesantes. Fue diseñada por una niña de nueve años (Emily Rosa) que creía en el poder de curar del TT. Probablemente gracias a su actitud, aceptaron probar 21 personas (sólo 2 hombres), la mayoría enfermeras que creían y practicaban el toque terapéutico. La prueba consistía en adivinar sobre qué mano estaba colocando Emily la suya. Emily tomó sus precauciones y comprobó que otros voluntarios no eran capaces de adivinar gracias a la corriente de aire o el calor de su mano.

Antes de saber el resultado, la mayoría creían que les había ido bien en la prueba y que habrían acertado en todos los intentos. Pero acertaron en un 50% de los casos, más o menos lo que hubiera acertado cualquiera. Incluso los terapeutas con más años de experiencia no mostraban mejor desempeño.  A la vista de los resultados, empezaron a proponer explicaciones de lo más variado:

-La prueba anterior deja una “memoria” en la mano del terapeuta que le confunde. Sin embargo, los primeros intentos no eran mejores que los siguientes.

-En realidad, sólo la mano derecha es la que emite, la izquierda es la que recibe (o al revés). Pero tampoco cuadraba con los resultados, que no mostraban diferencias entre una y otra mano.

-Las cámaras provocaron estrés (parte de la prueba fue filmada por un equipo de TV). Pero la otra parte de la prueba (sin cámaras) salió más o menos igual.

La mala noticia es que todo indica que el TT no tiene ninguna base real. La buena es que probablemente el exceso de “energía” del TT no provoca hiperactividad en niños.

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2 respuestas a El test de Rosa

  1. Confusio dice:

    Perdona, Silver. El WordPress envió tu comentario al cajón de spam no sé por qué. No lo he visto hasta hoy.
    No se a qué estudio te refieres cuando mencionas lo de las biopsias.

  2. En estos estudios, existieron también algunos enfoques cuestionables desde el punto de vista ético. No se informó a los sujetos potenciales en todos los estudios que recibirían uno o más tratamientos. En cambio, los investigadores informaron a los sujetos que el estudio mediría la energía bioeléctrica liberada del sitio de la biopsia. También se les informó que el estudio era doble ciego y que todos los detalles serían revelados una vez finalizado el estudio. Este enfoque se adoptó para minimizar los efectos de sugestión y del placebo. Sin embargo, un enfoque de este tipo es éticamente cuestionable dada la naturaleza controvertida del toque terapéutico (y del Reiki, LeShan y de las terapias de oración utilizadas en Wirth & Barrett 1994 ). En un estudio del toque terapéutico con pacientes que recibieron transplante de médula ósea, un tercio de los sujetos se retiró del estudio ( Smith 2003 ). Una de las razones dadas fue el conflicto entre las creencias religiosas de las personas y el TT, por lo que dichos investigadores concluyeron que el TT “es un tratamiento más controvertido que probablemente requiere una mayor preparación y explicación”. El hecho de no revelar que el tratamiento sería administrado o de no dar una explicación sobre su naturaleza no cumple con los estándares habituales para el consentimiento informado ( O’Mathuna 1998 ).

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