Louis Pasteur, inventor de las bacterias

Buscando pistas acerca de por qué una parte de la intelectualidad académica abomina de la ciencia y si han cambiado de opinión últimamente, que parece que no, he ido a parar a la página web de Bruno Latour. Allí puede accederse al ensayo Give Me a Laboratory and I will Raise the World, (en Science Observed: Perspectives on the Social Study of Science, 1983) en el que trata, entre otras cosas, la historia de los descubrimientos de Pasteur desde un punto de vista (?) sociológico, y en el que se leen perlas como estas:

Las ciencias son uno de los instrumentos más persuasivos que existen para convencer a los demás de qué son y qué deberían querer.

El interés de la gente ajena a los experimentos de laboratorio no es algo dado: es el resultado del trabajo de Pasteur intentando enrolarlos y alistarlos.

El hecho científico es un producto de gente y escenarios normales, ordinarios, no ligados por ninguna norma ni forma de comunicación especial, pero que trabajan con instrumentos de inscripción.

Utilizando las palabras de Feyerabend: “en el laboratorio todo vale, excepto los instrumentos de inscripción y los papeles”. Utilizando las de Clauzevich: la ciencia es política ejercida con otros medios.

Para Latour el esfuerzo de Pasteur es una construcción de la realidad indistinguible de la que hicieron los nazis con la raza aria. Sus ideas al respecto parece que no han cambiado y son más o menos las mismas que en los ochenta, cuando publicó un ensayo  titulado “La pasteurización de Francia”. Quizá es partidario de las tesis paranoicas de la chiflada  Lanctôt. Habrá que ver a dónde acude cuando padezca una enfermedad infecciosa.

En resumen, sigue repitiendo de manera muy enrevesada que los científicos son personas, que tienen celos, envidias, prejuicios, soberbia, falta de presupuesto y pasión por su trabajo y que sus investigaciones, cuando tienen éxito, modifican las formas de producción, los hábitos sociales y la visión del mundo. En una frase hemos explicado su teoría del actor red. Perdón, en posmoderno se dice del actante-rizoma (porque actor suena demasiado masculino y red, demasiado jerárquico).

No es extraño que la sociología de la ciencia no le interese a nadie. Estos sociólogos no consiguen aportar ninguna información importante acerca de por qué la ciencia tiene tanto éxito. El cotilleo de laboratorio que se nos cuenta en libro de Latour y Woolgar “La vida en el laboratorio: La construcción de los hechos científicos” no explica por qué unas “construcciones” científicas tienen éxito y otras no. Eso sería entrar en una discusión sobre la verdad y ese es un tema tabú para un posmoderno.

El problema es que si se pretende hacer de antropólogo y estudiar a los científicos como quien estudia una tribu perdida, es obligatorio conocer su idioma. Sospecho que el problema es el analfabetismo matemático de Latour. No entiende qué están haciendo los científicos porque no entiende su lenguaje, las matemáticas. Por eso inventa una traducción a su propio idioma. Un idioma en el que todas las definiciones son ambivalentes y en la que todo puede ser una metáfora o no, según convenga. Un lenguaje pedante, lleno de tecnicismos innecesarios, deliberadamente oscuro, que parece para iniciados pero que es pura palabrería.

Sin embargo, hay que prestar atención a estos charlatanes porque siguen en sus trece y han conseguido fondos europeos para el proyecto de cartografía de las controversias. El proyecto se llama MACOSPOL y participan varias universidades europeas. Básicamente es una herramienta de presentación de la información de actualidad según el espacio que le dedican los medios. No me parece ningún hallazgo. Una ojeada a los titulares proporciona más o menos la misma fotografía. También hay herramientas que muestran las conexiones entre conceptos y personas que a mí me recuerdan los mapas que se hacen con las referencias cruzadas de la Wikipedia.
Lo que me parece preocupante de MACOSPOL es que esté específicamente dirigido a periodistas y políticos. Enfocar el desarrollo científico como una controversia es un planteamiento reaccionario. La ciencia llega a conclusiones sobre la mayoría de las cosas y son relativamente pocas las que despiertan controversia. Por otra parte, la controversia es una estrategia muy del gusto de los lobbies económicos, como las petroleras o las empresas tabaqueras. MACOSPOL cae de cuatro patas en la falsa controversia del cambio climático y aquí hacen un análisis del eco mediático de los negacionistas climáticos. Los llaman escépticos y apenas se deja entrever que es una falsa polémica que únicamente tiene como objetivo los medios de comunicación y no tiene relevancia en los foros científicos. Da miedo pensar que políticos o periodistas vayan a documentarse a semejante lugar.

Recordemos que para los posmodernos la ciencia siempre será sospechosa y la verdad no existe. Para ellos es imposible escapar de la tiranía de la imparcialidad. Todo el mundo tiene su verdad y lo importante es la tolerancia. Así que los microorganismos patógenos quizá existan o quizá sean una construcción de Pasteur. Quizá tomar antibióticos sea un gesto intolerante.

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5 respuestas a Louis Pasteur, inventor de las bacterias

  1. Confusio dice:

    Sergio: Hay gente que considera que investigar es coger un cuaderno e ir apuntando lo que les parece relevante. Qué es relevante lo van decidiendo sobre la marcha. Al final el producto de ese “método” es un conjunto sesgado de presuntas observaciones y afirmaciones dogmáticas que confirman prejuicios.

    Pero la ciencia social puede ser otra cosa. Puede plantear una hipótesis de trabajo y diseñar a priori un muestreo para confirmarla o rebatirla. Requiere ser más serio. Hay que decidir qué es importante y cómo lo vamos a registrar antes de empezar. El resultado del trabajo son datos, preferiblemente numéricos, no impresiones ni opiniones. Las opiniones son previas, están en la hipótesis. La diferencia es que ahora el objetivo es ponerlas a prueba y se pretende que cualquiera pueda hacerlo.

    Contrastable, repetible, cuantificable… son conceptos que han contribuido al éxito de la ciencia. Podemos despreciarlos, pero sin ellos solo tenemos opiniones, dogmas y prejuicios. El trabajo de Latour es un monumento al sesgo confirmativo.

  2. Sergio Méndez dice:

    Creo que ud confunde hacer sociología de la ciencia con estudiar su validez epistemológica. Un sociologo de la ciencia no está interesado, con toda razón, en saber que hace la ciencia efectiva (de la misma manera que un sociólogo de la religión no le interesa saber si la religión en cuestión es verdadera o no). Un sociólogo de la ciencia lo que trata de entender es como la ciencia se desarralla como un fenómeno social. Y como todo fenómeno social, la ciencia esta hecha de gente que tienen”celos, envidias, prejuicios, soberbia, falta de presupuesto y pasión por su trabajo y que sus investigaciones,” (si, los científicos son personas como el resto de los mortales, ¡sorpresa!), y su trabajo, oh sorpresa de nuevo, tiene consecuencias a nivel social.

  3. Confusio dice:

    Creo que te confundes de mundo, Garty. En éste, la ciencia ha demostrado sobradamente que su conocimiento es más verdadero que los otros (sean cuales sean). Se admiten contraejemplos.
    Es difícil “controlar” el mundo sin saber cosas ciertas acerca de él. Por otra parte, hay ramas de la ciencia que no sirven para “controlar” el mundo y también hacen afirmaciones congruentes y contrastables. La astrofísica o la egiptología no sirven para controlar el mundo ¿eso quiere decir que no sabemos si son ciertas sus afirmaciones?
    No se qué entiendes por religión, pero la ciencia no se parece a la religión. No solo porque no es dogmática, sino porque no proporciona dos de las prestaciones habituales del pensamiento religioso: no proporciona un “sentido” de la existencia ni una garantía de pervivencia después de la muerte.

  4. No conozco a Latour y no dudo de que probablmente tenga un lenguaje exasperante. De ahí a que sea un charlatán es otra cosa, pero bien, también puede ser. De todos modos todo esto es consecuencia de la incapacidad de la ciencia para justificarse como un conocimiento más verdadero que los otros; a lo más ha podido controlar el mundo mejor que cualquier alternativa, pero eso no indica nada respecto a su justificación epistémica. En fin, aunque duela hay que aceptarlo, la ciencia es la religión de hoy, para bien o para mal.

  5. Javier dice:

    Ah, Feyerabend, qué tío. Cuánto daño ha hecho por tan poca y tan efímera celebridad adquirida.

    Buena entrada, as usual.

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