Científicos disidentes: Donald I. Williamson

Onicoforo

Onicóforo

No todos los insectos pasan por la fase larva. Los saltamontes, por ejemplo, nacen como pequeños adultos y simplemente van mudando la cutícula y creciendo. En la última fase se desarrollan las alas. Otro caso muy diferente es el de las mariposas, moscas, abejas y escarabajos. Al nacer no se parecen en nada a los adultos. Son gusanos (la gente los llama así) que se perecen más a los tardígrados o a los onicóforos, gusanitos aterciopelados como el de la foto, que a los insectos.

En 2009 , Donald I. Williamson, apoyado por L. Margulis propuso que el origen de estas larvas sería una hibridación. Consiguió publicar su hipótesis en una buena revista (PNAS “Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America”) y creó una pequeña revolución. Le hicieron caso porque Williamson venía publicando trabajos sobre larvas de toda clase de bichitos desde los años cincuenta, así que era un experto en el asunto. La idea llegó a gozar de difusión en medios de divulgación científica como la revista Investigación y Ciencia, que le dedicó un artículo. La idea viene a ser que un primitivo insecto volador de metamorfosis sencilla (como el saltamontes) habría hibridado (o más bien parasitado) a uno de esos gusanos. El resultado habría sido un organismo que primero desarrolla una forma y a continuación la otra. Una quimera como el centauro, pero en dos fases.

Unos meses más tarde, Gonzalo Giribet, de Harvard contesta en los PNAS. Se pregunta hasta qué punto puede un científico proponer cualquier teoría, sin importar la falta de evidencias, y demandar a los demás que trabajen sobre su hipótesis. Lo dice porque Williamson propone varios experimentos bastante excéntricos (como fecundar una cucaracha con espermatozoides de onicóforo, a ver qué pasa). La ética científica dice que debería ser él el que hiciese ese trabajo y publicar los resultados cuando los tuviese. Giribet considera que la revista está favoreciendo la especulación gratuita.

Williamson

Pensemos que en biología todo esto de la hibridación no suena tan absurdo como puede parecer porque está asumido que el origen de algunos orgánulos del interior de la célula, como las mitocondrias, tienen un origen simbiótico (son antiguas bacterias que se incorporaron a organismos unicelulares con núcleo). Todo el rastro genético de esta hibridación se halla en el ADN de nuestras células.

Precisamente, son estos restos genéticos los que no aparecen. Los críticos con la hipótesis de Williamson recuerdan que el grado de afinidad entre el ADN de los onicóforos y los insectos es algo que ya ha sido estudiado. Varios trabajos coinciden en que los onicóforos son parientes próximos de los insectos y las arañas, pero no hay nada en el árbol filogenético que sugiera la hibridación. La comparación del ADN, de las proteínas y otras pruebas muestran que las mariposas no están más emparentadas con los onicóforos que los saltamontes.

Lo más sorprendente es que Williamson afirma tener resultados experimentales que apoyan su hipótesis. Dice haber fecundado huevos de ascidia (un animal marino con forma de gaita, pariente lejano nuestro) con esperma de erizo y el resultado es una larva híbrida más parecida al erizo. Erizos y ascidias están bastante lejanos en la escala evolutiva, con lo que obtener estos híbridos es algo verdaderamente extraordinario. Pensemos que la hibridación entre especies próximas (el caballo y el burro) ya plantea problemas (los mulos son estériles). En la mayoría de los casos es simplemente imposible entre especies un poco distantes (no existen híbridos entre conejos y ratas, por ejemplo). La hibridación entre erizos de mar y ascidias es algo parecido a lograr un híbrido entre un caballo y un avestruz. Existen dos experiencias llevadas a cabo con éxito (o eso habría que creer), pero las dos las realizó Williamson (1989 y 1990). Los únicos testimonios que quedan son dibujos y fotos de unas larvas que parecen de erizo. La descripción del desarrollo de los híbridos es incompleto y no se conservan los ejemplares intermedios, solo los híbridos finales, que son indistinguibles de las larvas de erizo.

Erizo-y-ascidia

Erizos y ascidias. Un amor imposible

Se trata de un experimento que solo le sale a él y del que apenas quedan evidencias materiales que pueda examinar un grupo independiente. Otro laboratorio examinó los “esferoides”, unos corpúsculos con aspecto de bolita que se obtuvieron en el experimento de 1990 (en el del 89 no aparecieron). Resultaron ser un amasijo de diatomeas (mugre del acuario, vamos). Hart en 1995  analizó el ADN de una de las larvas supuestamente híbridas y solo tenía ADN de erizo. Ni rastro del ADN de la ascidia.

El asunto ha sido recogido por la prensa sensacionalista y las páginas web de los creacionistas, siempre atentos a cualquier amago de controversia para presentarla como una crisis profunda del mundo científico, justo castigo por no querer usar la Biblia como libro de texto. Aparte del sensacionalismo, de las utilizaciones interesadas de los fanáticos religiosos y algún sesudo análisis posmoderno, ningún científico ha publicado nada relevante en esa línea de trabajo.

Batracios

Aún continúa el debate, con pruebas en contra y todavía sin pruebas a favor. Williamson insiste en asignar orígenes exóticos a las larvas y, ya lanzado,  también a las de los vertebrados, de manera que los renacuajos serían producto de una antigua hibridación entre peces y ranas. Margulis, promueve la “simbiogénesis” como un nuevo paradigma alternativo al de Darwin, en el que la historia de las especies no se parece a un árbol sino a una especie de tela de araña. Da la impresión de que Williamson se ha quedado bastante solo, aunque ya se sabe que en biología una teoría solo desaparece cuando muere su último defensor.

La revista PNAS ha decidido cambiar su política de publicaciones y no dejar pasar los artículos de viejas glorias sin pasar por una supervisión científica. Una publicación de Williamson  fue abortada por los editores en 2010. Está disponible en la red, pero no ha sido aceptada en ninguna revista.

Para mí lo interesante de esta historia es comprobar que existe una ética consuetudinaria en el mundo de la ciencia que tiene normas no escritas como:

No te dediques a especular abusando de tu prestigio.

Si propones algo extraordinario, compruébalo tú mismo. No cargues a los demás con el peso de la prueba.

No ignores selectivamente el trabajo de los demás.

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One Response to Científicos disidentes: Donald I. Williamson

  1. joseluis817 dice:

    A mí no me extrañaría ver una ascidia convertida en erizo. Tras perder el cerebro para vivir sola y aferrada a su sillón, lo siguiente que cabe esperar de ella es que le salgan púas.

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