Si no entiendes la gráfica, vacuna a tus hijos

El desgraciado caso del niño fallecido en Olot de difteria ha puesto contra las cuerdas a los antivacunas. Los padres de la víctima se han dado cuenta demasiado tarde de que han sido engañados por los argumentos capciosos de los partidarios de la “libertad de vacunación”. Los antivacunas se declaran inocentes y la mayoría han optado por jurar que ellos nunca se opusieron a la vacunación contra la difteria, sino a otras vacunas, que consideran más dudosas. Otros continúan encastillados en posturas tradicionales, e insisten en hacer creer a quien quiera escucharles que las vacunas no son seguras ni eficaces. Respecto a la seguridad, siempre ha sido uno de los problemas que más ha preocupado a los responsables de la salud pública y es la razón por la que algunas vacunas han sido sustituidas. Pero para mí, lo más llamativo es que argumenten que ni siquiera son eficaces. Resulta difícil exagerar la importancia de este punto porque, si eso es verdad, los responsables de la sanidad pública y hasta los médicos son gente extremadamente perversa. Para poner en duda la eficacia de las vacunas suelen emplear dos argumentos: Uno es confiar en el analfabetismo matemático del lector e intentar hacerle creer que si en un brote de una enfermedad infecciosa el 25% de los contagiados estaban vacunados, eso demuestra que la vacuna no es eficaz. Ya hablamos sobre ello y demostramos que haciendo una cuenta sencilla se comprueba que el argumento es mentira. Y otro de los argumentos, muy utilizado en este caso, es ésta gráfica. Difteria-desde-1940 O esta otra Difteria-desde-1901 Se trata de gráficas sacadas de una publicación de Centro Nacional de Epidemiología del año 2000. Parece que las vacunas llegan después de que la enfermedad ya haya remitido, pero NO ES CIERTO. Las condiciones de higiene habían mejorado el panorama a finales de los años 20, pero no se conseguía bajar de las 1000 defunciones anuales. La enfermedad vuelve con fuerza alrededor de 1940 debido a las duras condiciones de la posguerra, la mala alimentación y los movimientos de población durante el conflicto. En el texto del Centro Nacional se explica que es a partir del 45 cuando los niños empiezan a ser vacunados pero no sale en la gráfica porque no hay datos cuantitativos, eso no quiere decir que no se vacunase, sino que no se puede poner un % concreto en la gráfica.  La DTP es la vacuna más moderna (difteria tétanos y tosferina). Ocurre lo mismo con la gráfica de la polio en el mismo documento. No existen cifras concretas del 1964 al 81, pero hubo campañas de vacunación y eran masivas. Afortunadamente, se acordaron de ponerlo en la gráfica (VPO y una flechita). Polio-desde-1949 Los antivacunas prefieren creer que si no hay datos significa que no se estaba vacunando. Según ellos, solo se vacunaban los niños ricos cuyos padres podían pagárselo. Pero eso también es falso. Había mucha gente de pocos recursos que se rascaba el bolsillo y las compraba, porque las vacunas tenían un gran prestigio. Todavía no habían sufrido los ataques demagógicos de nuestra época. Además, existían instituciones benéficas y una incipiente sanidad pública que vacunaban a los sectores empobrecidos porque, precisamente, es lo más eficaz para atacar los focos en los que la enfermedad puede hacerse endémica. Eso es lo que se hizo con la polio y se puede comprobar que resultó muy eficaz aún con bajas coberturas. Aquí tenemos una gráfica parecida, pero que está construida con más datos. Es la cobertura de la vacunación contra el sarampión (del mismo documento). Sarampion-desde-1940 El porcentaje de vacunados es la línea azul y, como puede verse, sigue una evolución ascendente paulatina. No se pasa de vacunación cero a cobertura total de un año para otro. Con el sarampión se tardó seis años en alcanzar una cobertura del 80%, y eso en un período de bonanza económica comparándolo con la década de los 40.

A mí lo que me desasosiega de todo este asunto es la mala fe con la que los antivacunas o los “críticos con las vacunas” o como se quieran llamar, construyen todas esas argumentaciones. Su objetivo es sembrar la duda y el miedo entre los padres para que no vacunen a sus hijos, aunque sea engañándolos. ¿Por qué?

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