Ciencia en abierto. Evolución

La evolución en el laboratorio y en los ecosistemas. Una selección de artículos científicos disponibles en la red que me han llamado la atención.

Adaptaciones a la oscuridad Existe una cepa de la mosca Drosophila que ha sido mantenida en la oscuridad desde hace 57 años, o sea unas 1.400 generaciones. Han secuenciado todo su genoma y lo han comparado con una estirpe “salvaje”. De este estudio salen unas cuantas cifras muy valiosas para cuantificar la evolución: Hay 200.000 lugares en los que se han producido cambios de nucleótidos. Solo un 1,8% de estos cambios provocan un cambio en los aminoácidos codificados (el código genético es redundante). 28 de estas mutaciones producen una señal de stop en la síntesis de la proteína correspondiente. Una de las proteínas afectadas está relacionada con el olfato y la otra con la percepción de la luz. En total identifican unos 240 genes afectados por las mutaciones no sinónimas, entre ellos un grupo de genes alfa esterasas relacionados con la detoxificación de metabolitos.

Evolución dirigida en levaduras. En general, la adaptación a entornos extremos produce cambios medibles a partir de las 100 generaciones. Estas levaduras han sido adaptadas a crecer a mayor temperatura en laboratorio. Si se las obliga a crecer a la temperatura original se estresan y crecen menos.

Pájaros modernos. Un estudio polaco revela que los pájaros de la ciudad tienen menos miedo de la novedad.

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Organismos virtuales. Parece que el tamaño del genoma en organismos que se reproducen asexualmente debería ser lo más pequeño posible. A mayor tasa de mutación, genomas más pequeños. Pero si hay mecanismos que protegen de las mutaciones, empieza a ser interesante duplicar genes. La duplicación de genes permite que aparezcan nuevas funciones. Estas son las conclusiones de un estudio sobre organismos virtuales.

Pececillo cavernícola. Cryptotora thamicola anda fuera del agua y es capaz de trepar por las cascadas subterráneas. Su esqueleto muestra las adaptaciones a la marcha que se pueden ver en anfibios y otros animales de cuatro patas

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Una simbiosis es para siempre. Las cloriaracnofitas son una especie de pequeñas amebas que capturan bacterias y otros organismos acuáticos y también son capaces de comportarse como algas y hacer la función clorofílica. Tanta versatilidad se debe a que las células de las algas cloriaracnofitas son un conjunto de cuatro simbiontes, cada uno con su ADN, que han unido sus destinos en una sola célula. Hay genes que viajan de un sitio a otro dentro de tan abigarrado organismo.

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