¿Homeopatía para mi perro?

5 noviembre 2015

Los defensores de la homeopatía argumentan a menudo que sus remedios funcionan con animales y eso demuestra que no curan por efecto placebo.
Sin embargo, tengo amigos veterinarios que me han confirmado que se usan placebos para tranquilizar a algunos dueños de mascotas que llegan a ponerse pesados ante cualquier síntoma de su animalito. Sirven para tranquilizar al dueño mientras el animal se cura solo.

He aquí un interesante metanálisis sobre homeopatía en animales. A pesar de tratarse de una revista homeopática y estar realizado por homeópatas, la cosa no sale. Se les puede felicitar por su ecuanimidad.


Ciencia de la buena

4 octubre 2015

No hay nada como un buen gráfico para demostrar las bondades de un producto. A veces es necesario recurrir a profundos tecnicismos para demostrar sus maravillosas propiedades sobre nuestra salud:

Actimel

 

Lo mejor es el asterisco. Dice que si llevas una vida sana estarás más sano.


Si no entiendes la gráfica, vacuna a tus hijos

7 julio 2015

El desgraciado caso del niño fallecido en Olot de difteria ha puesto contra las cuerdas a los antivacunas. Los padres de la víctima se han dado cuenta demasiado tarde de que han sido engañados por los argumentos capciosos de los partidarios de la “libertad de vacunación”. Los antivacunas se declaran inocentes y la mayoría han optado por jurar que ellos nunca se opusieron a la vacunación contra la difteria, sino a otras vacunas, que consideran más dudosas. Otros continúan encastillados en posturas tradicionales, e insisten en hacer creer a quien quiera escucharles que las vacunas no son seguras ni eficaces. Respecto a la seguridad, siempre ha sido uno de los problemas que más ha preocupado a los responsables de la salud pública y es la razón por la que algunas vacunas han sido sustituidas. Pero para mí, lo más llamativo es que argumenten que ni siquiera son eficaces. Resulta difícil exagerar la importancia de este punto porque, si eso es verdad, los responsables de la sanidad pública y hasta los médicos son gente extremadamente perversa. Para poner en duda la eficacia de las vacunas suelen emplear dos argumentos: Uno es confiar en el analfabetismo matemático del lector e intentar hacerle creer que si en un brote de una enfermedad infecciosa el 25% de los contagiados estaban vacunados, eso demuestra que la vacuna no es eficaz. Ya hablamos sobre ello y demostramos que haciendo una cuenta sencilla se comprueba que el argumento es mentira. Y otro de los argumentos, muy utilizado en este caso, es ésta gráfica. Difteria-desde-1940 O esta otra Difteria-desde-1901 Se trata de gráficas sacadas de una publicación de Centro Nacional de Epidemiología del año 2000. Parece que las vacunas llegan después de que la enfermedad ya haya remitido, pero NO ES CIERTO. Las condiciones de higiene habían mejorado el panorama a finales de los años 20, pero no se conseguía bajar de las 1000 defunciones anuales. La enfermedad vuelve con fuerza alrededor de 1940 debido a las duras condiciones de la posguerra, la mala alimentación y los movimientos de población durante el conflicto. En el texto del Centro Nacional se explica que es a partir del 45 cuando los niños empiezan a ser vacunados pero no sale en la gráfica porque no hay datos cuantitativos, eso no quiere decir que no se vacunase, sino que no se puede poner un % concreto en la gráfica.  La DTP es la vacuna más moderna (difteria tétanos y tosferina). Ocurre lo mismo con la gráfica de la polio en el mismo documento. No existen cifras concretas del 1964 al 81, pero hubo campañas de vacunación y eran masivas. Afortunadamente, se acordaron de ponerlo en la gráfica (VPO y una flechita). Polio-desde-1949 Los antivacunas prefieren creer que si no hay datos significa que no se estaba vacunando. Según ellos, solo se vacunaban los niños ricos cuyos padres podían pagárselo. Pero eso también es falso. Había mucha gente de pocos recursos que se rascaba el bolsillo y las compraba, porque las vacunas tenían un gran prestigio. Todavía no habían sufrido los ataques demagógicos de nuestra época. Además, existían instituciones benéficas y una incipiente sanidad pública que vacunaban a los sectores empobrecidos porque, precisamente, es lo más eficaz para atacar los focos en los que la enfermedad puede hacerse endémica. Eso es lo que se hizo con la polio y se puede comprobar que resultó muy eficaz aún con bajas coberturas. Aquí tenemos una gráfica parecida, pero que está construida con más datos. Es la cobertura de la vacunación contra el sarampión (del mismo documento). Sarampion-desde-1940 El porcentaje de vacunados es la línea azul y, como puede verse, sigue una evolución ascendente paulatina. No se pasa de vacunación cero a cobertura total de un año para otro. Con el sarampión se tardó seis años en alcanzar una cobertura del 80%, y eso en un período de bonanza económica comparándolo con la década de los 40.

A mí lo que me desasosiega de todo este asunto es la mala fe con la que los antivacunas o los “críticos con las vacunas” o como se quieran llamar, construyen todas esas argumentaciones. Su objetivo es sembrar la duda y el miedo entre los padres para que no vacunen a sus hijos, aunque sea engañándolos. ¿Por qué?


Comer cerebros no sirve para aprender

9 abril 2015

Cerebro

L´Express,París, sin fecha.

Hace dos meses un neurobiólogo sueco, Holger Hyden, de la universidad de Göteborg, presentó a los especialistas más destacados del mundo, reunidos en San Francisco, sus teorías sobre la naturaleza química de los procesos mentales (…)

Cada molécula particular de ácido ribonucleico (RNA) corresponde a una proteína bien definida, a la manera como una llave se adapta exactamente a una cerradura.  Los ácidos nucleicos dictan a la neurona la forma de la molécula de proteína que va a formar.  Esas moléculas son, según los investigadores suecos, la traducción química de los pensamientos.

La memoria correspondería, pues, a la ordenación de las moléculas de ácidos nucleicos en el cerebro, que desempeñan el papel de las tarjetas perforadas en las computadoras modernas. 

Rayuela. Capítulo 62. Julio Cortázar (1968)

Cortázar recoge en esta cita una de tantas noticias que, desde las investigaciones de Cajal, revolucionaban la imagen de nuestra propia mente cada cierto tiempo. También Isaac Asimov lo recoge en un ensayo: “¡No me olvide!“. Eso me ha puesto tras la pista del neurólogo sueco Holger Hyden, que podría ser uno de esos científico “disidentes”, tan queridos por el mundo magufo. Buscado alguno de los artículos de Hyden he encontrado varios:

Hyden, H., & Egyhazi, E. (1962). Nuclear RNA changes of nerve cells during a learning experiment in rats. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America , 48(8), 1366.

En él propone un almacenamiento intracelular de la información, de manera que el aprendizaje consiste en la producción y almacenamiento de proteínas específicas. La observación de que en las neuronas implicadas en una experiencia de aprendizaje sintetizan más ARN le llevó a pensar eso, que la información se almacenaba en esas moléculas como si se escribiera en un libro. Pero el incremento en la síntesis de proteínas específicas puede tener otras explicaciones no tan revolucionarias. Puede ser simplemente que tengan más actividad.

En un siguiente artículo, da un paso más allá suponiendo que había encontrado la prueba de la transferencia de habilidades a través del ARN.

Hyden, H., & Egyhazi, E. (1964). Changes in RNA content and base composition in cortical neurons of rats in a learning experiment involving transfer of handedness. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America , 52(4), 1030.

Hyden  estudió  la síntesis de ARN (la molécula que copia el código genético) en las células cerebrales de ratas obligadas a aprender algunas habilidades, y comprobó que la producción de esta molécula se incrementaba. Supuso que eso se debía a la formación de proteínas con un papel importante en la memoria. De ahí pasó a suponer que la información que las ratas aprendían se almacenaba codificada en esas proteínas. El precursor de la idea fue Mc Connell, el 1961, que sometió planarias a un rayo de luz y después a un shock eléctrico para crearles un reflejo condicionado. Troceó a estas planarias y se las dio de alimento a otras planarias no condicionadas, que desarrollaron el reflejo más rápido. Fjerdingstad en 1965  y Ungar en 1970 trabajaron con ratas, a las que inyectaban extractos cerebrales de otras ratas que habían sido sometidas a algún tipo de condicionamiento o aprendizaje.

Años más tarde se encontró que la memoria a corto plazo, en la que está implicada la corteza del hipocampo, podía ser bloqueada mediante un inhibidor de la síntesis de proteínas. La grave consecuencia de este problema en humanos es el olvido de lo que se ha hecho a los pocos minutos de haber sucedido. Una persona que lo padeciera viviría en un presente continuo.

Todas estas experiencias sirvieron para encontrar algunas moléculas con efectos sobre el cerebro, como la hormona vasopresina, pero en ningún caso se demostró que se codifiquen o almacenen recuerdos en forma de proteínas o ARN. Hoy sabemos que los recuerdos se almacenan en circuitos de neuronas, caminos facilitados para el impulso nervioso, que se potencian con el uso y se debilitan con el desuso.

Pero la historia de la ciencia se escribe también a base de pasos en falso. En cualquier caso, el balance del trabajo de Hyden es positivo. A diferencia de otros “disidentes” no se empecinó en su hipótesis, no fabricó pruebas falsas y su trabajo daría pie a un estudio más amplio de las hormonas en el cerebro.


Medicina alternativa y dinero tradicional

15 diciembre 2014

 

 

Me envía un corresponsal este link al discurso del Presidente de México, Enrique Peña Nieto, con motivo de la inauguración de un hospital homeopático. Pagado con dinero público. El discurso es aburridísimo. Lo único que llama la atención es que menciona el intrigante detalle de que el hospital tiene ¡quirófanos! Solo espero por el bien de los mexicanos, que la anestesia no sea homeopática también.

Lo que también resulta sangrante es que la financiación sea con cargo al erario público. El dinero es lo único real en este asunto, porque los partidarios de lo alternativo prefieren el dinero contante y sonante. Hubiera bastado que pusieran una factura impagada en un sobre, que lo hubieran metido en otro sobre vacío y éste en otro y así unas miles de veces. El sobre resultante puede ingresarse en un banco con la certeza de que no puede haber mejor aval para respaldar cualquier empréstito.


Por qué no hay que divulgar los vídeos de la monja de la gripe (CENSURADO)

15 octubre 2014

Hay personas de mi entorno familiar que me preguntan por qué no deben hacer caso a los vídeos de Teresa Forcades en los que dice que cura la malaria, el ébola y el garrotillo con una especie de lejía y por qué deben hacerme caso a mí. El asunto merece una respuesta detallada.

De entrada podría decir que yo no vendo nada ni quiero que me voten, pero viendo la cantidad de chiflados desinteresados que hay en internet, supongo que eso no es garantía de nada. Así que no tengo demasiados argumentos para convenceros de que consultéis mi blog. No lo hagáis si no os apetece. Hay otros mucho mejores. Sin embargo, denunciar a los mentirosos es algo que todo el mundo debería hacer por el bien común. Es una obligación moral.

Además, creo que es urgente y necesario que la gente deje de conceder credibilidad a todos los magufos que salen por Youtube. Voy a explicar por qué.

Me he decidido a escribir la típica lista “las diez cosas que…”. He leído por ahí que si explicas las cosas en forma de lista numerada, tienes más lectores. Vamos a probar. También usaré el recurso de considerarme censurado y perseguido, que también tiene mucha tirada. Además es verdad, me censuran los comentarios en Youtube.

POR QUÉ NO DEBES CONFIAR EN LOS VIDEOS DE TERESA FORCADES, PÀMIES Y OTROS VENDEMILAGROS Y POR QUÉ NO DEBES DARLES DIFUSIÓN.

¡LAS DIEZ RAZONES QUE NO QUIEREN QUE SEPAS!

Leer el resto de esta entrada »


El hombre de los lobos aúlla de nuevo

5 octubre 2014
La Terapia. Miguel Brieva. 2007

La Terapia. Miguel Brieva. 2007

 

Hacia tiempo que no arremetía contra el psicoanálisis que, para comenzar suavemente, diré que considero que es la mayor estafa intelectual del siglo XX y cuya base científica es más o menos la misma que la del chicle de clorofila.

Acabo de leerme tres artículos escritos por psicoanalistas aparecidos en la revista Mente y Cerebro en los que se pretende que las nuevas técnicas demuestran que el psicoanálisis tiene una base real. En uno de ellos se explica que pacientes depresivos, después de quince meses de terapia, sienten menos angustia y menos miedo al tratar imágenes o relatos con carga dramática. Comparan a sus pacientes con gente que no hace terapia y encuentran diferencias significativas.

Sin entrar en cómo han medido estas diferencias, porque no sé lo suficiente del asunto, sí que veo un error elemental en el diseño del experimento. Como sucede con los que reiteradamente dicen demostrar las bondades de la meditación, el truco está en comparar con gente que NO HACE NADA. A mi entender, demostrar que la terapia psicoanalítica funciona requiere comparar la intervención del psicoanalista con un placebo. El placebo sería la misma terapia, pero despojada de sus elementos psicoanalíticos. Es decir, tratarte con alguien que te escucha, ajeno a tu entorno, alguien neutral, amigable o distante, según la necesidad del paciente, con el que puedes hablar a fondo de tu problema y que te propone estrategias de superación, pero sin intentar descubrir ningún conflicto infantil latente. Sin jugar a detectives.

El trabajo ya ha sido hecho y sus resultados, publicados en 2005, no dejan en buen lugar a la psicoterapia (a ninguna de ellas), especialmente contra la depresión. Los resultados son indistinguibles de un placebo bien diseñado. Lo importante, en primerísimo lugar, es el terapeuta. Este estudio de Hyland, entre otros, demuestra que lo importante es el “efecto humano” y no la terapia que se siga.

Si un actor que se comporta y habla como un psicoanalista, propone al paciente un conflicto elegido al azar del conjunto de conflictos típicos (tipo “su padre era muy autoritario”), obtendrá resultados estadísticamente indistinguibles del auténtico psicoanalista.

Es como si el enfermo estuviera tomando una combinación de fármacos. Si se cura, todos los fabricantes de todos los fármacos van a atribuirse el éxito. Y los estudios que he citado demuestran que los elementos psicoanalíticos de la terapia son los menos útiles. Me consta que muchos terapeutas ya se han dado cuenta. Las instituciones científicas hace tiempo que desaconsejan a los terapeutas buscar traumas ocultos, recomiendan más bien enseñar al paciente a encontrar recursos propios para superar sus síntomas. El terapeuta ya no es el héroe que emplea sus artes de detective como Sherlok Holmes en busca de Moriarty.

Parece que los efectos de esa enfermedad llamada ecuanimidad pueden ser devastadores para los terapeutas, pero muy positivos para los pacientes. Afortunadamente, la mayoría de los psicoterapeutas tiene más interés en ayudar a sus pacientes que en ser los protagonistas de una novela de detectives. Así están reconociendo que las terapias habituales tienen una efectividad pobre y que, en muchos casos están contraindicadas. Según sus propios datos, hasta un 30% de los pacientes EMPEORA después de la terapia. Evaluarlo estadísticamente ya es un cambio de actitud positiva porque muchos psicoanalistas se negaban a entrar en esas valoraciones “cientifistas” de su trabajo.

Una vez admitido que una terapia tiene que ayudar al paciente a superar su problema y que esa mejora puede ser medida por procedimientos objetivos y contrastada por observadores independientes, se inicia un proceso paulatino que forzosamente lleva a desacreditar todo el legado de Freud.

La objeción fundamental que puede hacerse a la teoría psicoanalítica es que no existe la más mínima evidencia empírica de que en nuestro cerebro ande ocultándose un ente estructurado (el ello) que se dedique a hacernos la puñeta. También existen sospechas razonables de que los supuestos traumas infantiles que salen a la luz a través de la terapia son invenciones surgidas a medias entre la memoria del paciente y la imaginación de su analista. La investigación sobre los procesos por los que se generan falsos recuerdos está avanzando mucho, como explicamos aquí. Nuestra memoria es muy influenciable y la frontera entre recuerdos e imaginación es difusa. Los psicoanalistas no observan ninguna precaución respecto a esa frontera. No les preocupa saber en qué lado se encuentran. La represión, pieza fundamental en el discurso psicoanalítico, tampoco aguanta bien el paso del tiempo. Hasta ahora no hay pruebas empíricas serias que demuestren que nuestra mente reprime activamente recuerdos. Por desgracia para muchos pacientes, sucede más bien lo contrario.