Malaprensa y el cambio climático

6 noviembre 2013

Me he reconciliado con el blog Malaprensa después de que, a resultas de su discusión con un bloguero negacionista, haya explicado su postura respecto al cambio climático, sobre la cual tenía dudas, y que resulta ser bastante razonable.

Por supuesto, las invectivas de los trolls negacionistas no se han hecho esperar con comentarios kilométricos llenos de chulería y de links a páginas del loby petrolífero.  Josu Mezo (Malaprensa), razona con la paciencia del santo Job, que en un tema tan complejo, la opinión del IPCC le parece la más fiable y que, puestos a imaginar conspiraciones, es bastante más creíble una conspiración de negacionistas alimentada por las petroleras.

Alguno de los negacionistas que comentan reconoce que no piensa leerse el informe del IPCC porque no entiende nada, que él es de letras, pero que eso del calentamiento está claro que es una conspiración dirigida por Greenpeace. Así está el patio.

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Predicciones erróneas sobre el cambio climático

11 julio 2013
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Algunos piensan que merece la pena correr el riesgo y continuar quemando petróleo y carbón. Echemos un vistazo a sus predicciones.

Predicciones erróneas sobre el cambio climático, resumidas por J C Baez.

1900: Knut Ångström se equivocó al predecir que el incremento en la concentración CO2 no tendría efecto en el clima, porque él pensaba que el efecto ya se producía a un nivel de saturación. Sus experimentos en laboratorio no eran lo suficientemente cuidadosos para detectar las propiedades de absorción reales. En cualquier caso, la estructura de la atmósfera permite que el efecto invernadero aumente a medida que aumenta la concentración de CO2 .

1971: Rasool y Schneider se equivocaron al predecir que el enfriamiento de la atmósfera debido a los aerosoles contrarrestaría el calentamiento debido al CO2. Su modelo tiene importantes debilidades y se demostró incorrecto en 1975. Rasool y Schneider corrigieron su modelo y rectificaron sus conclusiones. Los buenos científicos reconocen sus errores.

1993: Richard Lindzen se equivocó al predecir que el calentamiento secaría la troposfera, según su teoría de que existe un feedback negativo de la nubosidad, mientras que la sensibilidad del clima al CO2 sería mucho más baja de lo que se ha supuesto.  En 1981, el proyecto CLIMAP reconstruyó la temperatura en el último máximo glacial y encontraron evidencias de que apenas hubo enfriamiento tropical. Esto entraba en contradicción con los modelos generales de circulación (GCMs), que predecían un enfriamiento sustancial en los trópicos (e.g. see Broccoli & Manabe 1987). Todo el mundo pensó que los modelos estaban equivocados. Lindzen intentó explicar los resultados del CLIMAP postulando la existencia de un mecanismo de retroalimentación negativa. Pero entonces los resultados de CLIMAP fueron analizados en profundidad, y nuevos indicadores demostraron que contenían errores sistemáticos. Finalmente quedó demostrado que los modelos eran correctos, por lo menos más correctos que los datos de CLIMAP y que las teorías de Lindzen.

Por desgracia,Lindzen no ha admitido su error y ha ido creando nuevas teorías ad hoc, cada vez más enrevesadas, para intentar explicar por qué los datos no le dan la razón.

1995: John Christy y Roy Spencer afirmaron incorrectamente que la baja troposfera se estaba enfriando, en lugar de calentarse. Eligieron deliberadamente un grupo de datos erróneos para tratar de demostrarlo. Cuando los datos de los satélites fueron corregidos quedó claro que no era cierto.

2007: Courtillot et. al. propusieron una conexión entre los rayos cósmicos y el cambio climático. Pero no fueron capaces de aclararse sobre si el efecto era positivo o negativo. Es imposible demostrar o refutar una teoría que es incoherente. Los científicos etiquetan este tipo de cosas como “hipótesis que ni siquiera están equivocadas”.

Finalmente, por supuesto, se han producido algunas cosas que los científicos no predijeron. La más importante es, probablemente, las fluctuaciones multidécada de la temperatura global. Si en los modelos se incluyen los efectos radiativos de todos los gases de invernadero, y el retraso debido al calentamiento del océano, sigue sin reproducirse el periodo de temperaturas entre 1950 y 1970, en el que no se produjo el calentamiento que sería esperable. Se manejan dos explicaciones:

La captación de calor por los océanos tiene oscilaciones decenales, aunque los modelos no lo muestran. Es posible que la sensitividad del clima esté en el extremo más bajo del intervalo de valores posibles (digamos 2 °C al duplicarse la concentración de CO2) y que estemos viendo una oscilación decenal alrededor de la la señal del calentamiento.

La otra explicación es que los aerosoles han restado calentamiento a los gases de invernadero. De ser cierta esta hipótesis, la sensibilidad del clima al CO2 sería incluso más alta (alrededor de 3ºC), sensibilidad que no se manifiesta porque la radiación entrante estaría apantallada por los aerosoles. Si esta explicación es la correcta, estamos ante un escenario más peligroso todavía porque vamos a tener incluso más calentamiento a medida que aumenta la concentración de CO2.  La verdad debe estar en algún punto intermedio entre las dos hipótesis. (Véase Armour & Roe, 2011).


Conspiraciones recalentadas

13 junio 2013
Conspiranoico

Studs Kirby en el aire. Peter Bagge 1987

Ya nos podemos preparar para oir conspiranoicos. Para este septiembre saldrá a la luz el 5º informe del Panel Internacional de Expertos en el Cambio Climático (IPCC). Me refiero a los resultados del grupo de trabajo I, que es el que se ocupa de las bases científicas. Una síntesis de su anterior informe puede descargarse aquí.

Es imprescindible haber leído el informe para opinar sobre este asunto, sobre todo si se pretende defender alguna opinión “heterodoxa” a las que tan aficionados son algunos blogueros. Pero si lo que se pretende es confundir a la gente y hacer demagogia política, efectivamente, no hace falta leérselo.

Es de esperar una desenfrenada actividad negacionista alimentada por el dinero de las instituciones financiadas con el petróleo de la Exxon y el grupo Knox principalmente. A ello habrá que sumar la actividad amateur de los blogueros de derechas y conspiranoicos en general que repetirán alguno de los siguientes argumentos:

-Es mentira, no hay calentamiento. En realidad viene una glaciación.

-Es el Sol, porque todos los planetas se están calentando.

-Son los rayos cósmicos los que provocan el calentamiento.

-Los rayos cósmicos están provocando un enfriamiento.

-Ha habido más CO2 en la atmósfera en el pasado. Y el CO2 es buenísimo, deberíamos producir más.

-Los datos están tergiversados.

-El calentamiento se paró en 1998, (o en 1988 o en 2003).

-Al Gore cobra mucho, viaja en primera clase y lleva ropa cara.

Lo más increíble es que estos personajes son capaces de mantener varias de estas opiniones a la vez. ¿Qué pasa con estos clima-escépticos? ¿Por qué no se lo creen?

Aquí tenemos una investigación al respecto hecha por psicólogos. La conclusión es que los escépticos climáticos son refractarios a la evidencia. Ignoran selectivamente el aluvión de datos a favor del cambio climático antropogénico para centrarse de forma obsesiva en las tres o cuatro evidencias escogidas que parecen ponerlo en duda. Es una postura conspiranoica equivalente a la de los que no se creen lo de que el hombre llegó a la Luna. Como ellos, caen en contradicciones de bulto. Los conspiranoicos del alunizaje están convencidos de que el hombre no ha estado en la Luna, que fue un montaje, pero acto seguido se muestran de acuerdo con la posibilidad de que los astronautas encontrasen extraterrestres en la Luna y, finalmente, su conclusión es que “hay algo oculto en todo eso”. Una empanada mental muy propia de personas que no están realmente interesadas en el tema, sino en mantener una opinión discrepante, puro esnobismo.


Louis Pasteur, inventor de las bacterias

25 noviembre 2012

Buscando pistas acerca de por qué una parte de la intelectualidad académica abomina de la ciencia y si han cambiado de opinión últimamente, que parece que no, he ido a parar a la página web de Bruno Latour. Allí puede accederse al ensayo Give Me a Laboratory and I will Raise the World, (en Science Observed: Perspectives on the Social Study of Science, 1983) en el que trata, entre otras cosas, la historia de los descubrimientos de Pasteur desde un punto de vista (?) sociológico, y en el que se leen perlas como estas:

Las ciencias son uno de los instrumentos más persuasivos que existen para convencer a los demás de qué son y qué deberían querer.

El interés de la gente ajena a los experimentos de laboratorio no es algo dado: es el resultado del trabajo de Pasteur intentando enrolarlos y alistarlos.

El hecho científico es un producto de gente y escenarios normales, ordinarios, no ligados por ninguna norma ni forma de comunicación especial, pero que trabajan con instrumentos de inscripción.

Utilizando las palabras de Feyerabend: “en el laboratorio todo vale, excepto los instrumentos de inscripción y los papeles”. Utilizando las de Clauzevich: la ciencia es política ejercida con otros medios.

Para Latour el esfuerzo de Pasteur es una construcción de la realidad indistinguible de la que hicieron los nazis con la raza aria. Sus ideas al respecto parece que no han cambiado y son más o menos las mismas que en los ochenta, cuando publicó un ensayo  titulado “La pasteurización de Francia”. Quizá es partidario de las tesis paranoicas de la chiflada  Lanctôt. Habrá que ver a dónde acude cuando padezca una enfermedad infecciosa.

En resumen, sigue repitiendo de manera muy enrevesada que los científicos son personas, que tienen celos, envidias, prejuicios, soberbia, falta de presupuesto y pasión por su trabajo y que sus investigaciones, cuando tienen éxito, modifican las formas de producción, los hábitos sociales y la visión del mundo. En una frase hemos explicado su teoría del actor red. Perdón, en posmoderno se dice del actante-rizoma (porque actor suena demasiado masculino y red, demasiado jerárquico).

No es extraño que la sociología de la ciencia no le interese a nadie. Estos sociólogos no consiguen aportar ninguna información importante acerca de por qué la ciencia tiene tanto éxito. El cotilleo de laboratorio que se nos cuenta en libro de Latour y Woolgar “La vida en el laboratorio: La construcción de los hechos científicos” no explica por qué unas “construcciones” científicas tienen éxito y otras no. Eso sería entrar en una discusión sobre la verdad y ese es un tema tabú para un posmoderno.

El problema es que si se pretende hacer de antropólogo y estudiar a los científicos como quien estudia una tribu perdida, es obligatorio conocer su idioma. Sospecho que el problema es el analfabetismo matemático de Latour. No entiende qué están haciendo los científicos porque no entiende su lenguaje, las matemáticas. Por eso inventa una traducción a su propio idioma. Un idioma en el que todas las definiciones son ambivalentes y en la que todo puede ser una metáfora o no, según convenga. Un lenguaje pedante, lleno de tecnicismos innecesarios, deliberadamente oscuro, que parece para iniciados pero que es pura palabrería.

Sin embargo, hay que prestar atención a estos charlatanes porque siguen en sus trece y han conseguido fondos europeos para el proyecto de cartografía de las controversias. El proyecto se llama MACOSPOL y participan varias universidades europeas. Básicamente es una herramienta de presentación de la información de actualidad según el espacio que le dedican los medios. No me parece ningún hallazgo. Una ojeada a los titulares proporciona más o menos la misma fotografía. También hay herramientas que muestran las conexiones entre conceptos y personas que a mí me recuerdan los mapas que se hacen con las referencias cruzadas de la Wikipedia.
Lo que me parece preocupante de MACOSPOL es que esté específicamente dirigido a periodistas y políticos. Enfocar el desarrollo científico como una controversia es un planteamiento reaccionario. La ciencia llega a conclusiones sobre la mayoría de las cosas y son relativamente pocas las que despiertan controversia. Por otra parte, la controversia es una estrategia muy del gusto de los lobbies económicos, como las petroleras o las empresas tabaqueras. MACOSPOL cae de cuatro patas en la falsa controversia del cambio climático y aquí hacen un análisis del eco mediático de los negacionistas climáticos. Los llaman escépticos y apenas se deja entrever que es una falsa polémica que únicamente tiene como objetivo los medios de comunicación y no tiene relevancia en los foros científicos. Da miedo pensar que políticos o periodistas vayan a documentarse a semejante lugar.

Recordemos que para los posmodernos la ciencia siempre será sospechosa y la verdad no existe. Para ellos es imposible escapar de la tiranía de la imparcialidad. Todo el mundo tiene su verdad y lo importante es la tolerancia. Así que los microorganismos patógenos quizá existan o quizá sean una construcción de Pasteur. Quizá tomar antibióticos sea un gesto intolerante.


Otro prepotente

13 enero 2012

Hace cerca de un año que salió “En defensa de las vacunas”, de Carlos González. Se trata de un paladín de la lactancia materna, autor de varios libros de crianza natural como “Bésame mucho” y “Mi niño no me come”, así que es posible que alguien le escuche. No lo he leído íntegramente, pero sí que he podido comprobar que concede mucha importancia a las citas de artículos científicos; a cómo documentarse. Hay que aprender a documentarse. Es urgente, porque este señor ha comprobado que los padres antivacunas o vacunoescépticos suelen tener mucha información. El problema es que es mala información. Por eso se entretiene en explicar cómo funciona el sistema de publicaciones científicas y cómo se cita una publicación para que todo el mundo pueda consultarla. Aporta criterios para saber cuando un estudio es bueno y hay que hacerle caso o no.

En todos los foros antivacunas los comentarios son todos del palo de: a este le han comprado las farmacéuticas, intenta hacerse famoso levantando polémica y, sobre todo le llaman prepotente. Prepotente es la descalificación más habitual que suelen dedicar los fanáticos a quien les lleva la contraria. Parece que el tono con el que se cuenta la verdad nunca consigue ser lo suficientemente humilde.

El autor se indigna hasta lo más profundo cuando lee la basura demagógica de Xavier Uriarte y JM Marín, los autores antivacunas más divulgados en España. A mí me sucede algo parecido con los negacionistas del SIDA, del cambio climático y toda esa caterva de personajes autoendiosados que pregonan que todo es una gran mentira que ellos han conseguido desenmascarar. Los argumentos que utilizan son demagógicos, rebuscados, sensacionalistas y, en muchos casos, dependiendo del nivel de formación del auditorio, simples mentiras.

Así, un negacionista del cambio climático, si está ante gente que no sabe nada del tema, niega todo: Todo es una mentira comunista, los emails robados demuestran que los datos son falsos, es el Sol, viene una glaciación… Cuando tiene delante un interlocutor más informado su discurso pasa a ser que los modelos no son del todo fiables, que hay otras opiniones, que los datos del clima no han sido tergiversados, pero que la calidad de algunos indicadores es muy mala.

Los antivacunas hacen más o menos lo mismo. A los padres les cuentan que las vacunas son veneno y que si se las ponen, sus hijos pueden padecer todo tipo de secuelas. A los profesionales de la salud les cuentan que algunos riesgos están insuficientemente valorados, que las vacunas son necesarias en países con bajos niveles de higiene, pero que aquí la inmunidad de grupo es suficiente… Bajan la agresividad del discurso y se guardan sus afirmaciones más sensacionalistas porque el profesional les preguntaría inmediatamente ¿En serio? ¿Dónde has leído eso?

En resumen, que C González hace un recorrido por las técnicas fraudulentas que utilizan los antivacunas. Se esfuerza en contener su indignación, pero a veces se ve asomar la mala baba que te deja en el cuerpo contemplar impotente cómo unos irresponsables engañan a la gente.

Y todo eso ¿por qué? ¿para qué? En la novela 1984, cuando el protagonista descubre todos los engaños sistemáticos con los que el poder idiotiza y somete a los ciudadanos, se pregunta: “entiendo el cómo, lo que no entiendo es el porqué”.

Es un asunto complejo ese de por qué mentimos. Las razones son innumerables. El caso es que seremos enormemente cándidos si pensamos que sólo el interés económico lleva a mentir. Yo diría que la mentira por interés económico suele ser difícil de mantener mucho tiempo, porque contar sabemos todos. Y el que miente para enriquecerse hace más pobres a otros, que en algún momento sacan cuentas.

Las mentiras verdaderamente persistentes son las mentiras desinteresadas. Las mentiras que se inventan, se construyen y se propagan por amor al prójimo. Haced un poco de memoria autocrítica y preguntaos con honradez cuántas veces habéis propagado una de esas mentiras. Cuántas veces habéis mentido por la causa.


Cuando la educación es un estorbo

1 junio 2011

Los irresponsables climáticos son unos personajes que con argumentos entresacados de aquí y de allá, unos reales, otros tergiversados y otros, simplemente mentira, intentan convencernos de que “hasta que la certeza no sea absoluta es mejor o hacer nada”. Generalmente son personas que nunca se habían interesado por la ciencia hasta ahora. Hay abogados, economistas, periodistas, escritores de best-sellers, pero el tipo que más abunda es el propagandista facha, cuyo tema habitual era la política, que ante las dificultades técnicas del asunto del clima se dedica a copiar de aquí y de allá sin entender la mitad de lo que dice, sin conocer el método científico (asunto por el que sigue sin sentir la más mínima curiosidad) y entresacando frases y datos que hagan surgir la duda, que es de lo que se trata.

Este tipo de personajes pueden llegar a indignar a un santo y, sobre todo a un climatólogo, harto de trabajar con el máximo rigor para que un cantamañanas semianalfabeto le llame conspirador. En esas circunstancias la educación es un estorbo.


El catecismo negacionista

13 noviembre 2010

Martin McKee, epidemiólogo del London School of Hygiene and Tropical Medicine ha identificado seis tácticas comunes en todos los movimientos negacionistas. No es que esté sugiriendo que exista un manual , pero es fácil comprobar que existen elementos comunes en todo ese tipo de discursos. En la wikipedia las reducen a cinco estrategias. La lista original se puede consultar aquí.

Se puede resumir en:

  1. Alegar que todo es una gran conspiración, que se ha llegado al consenso por vía de la colusión y no por la acumulación de evidencias.
  2. Falsos expertos. Sirve cualquiera: gurús del tiempo (Corbyn), escritores de best-sellers (Crichton), lords excéntricos (Mockton)… Todos se autotitulan expertos.
  3. Cherry-picking o elección sesgada de la muestra: exagera la importancia de lo que parezca respaldar tu posición e ignora el resto. “Este invierno ha hecho mucho frío en mi pueblo” constituye para algunos una prueba contra el cambio climático.
  4. Exigir a la ciencia niveles de calidad imposibles: Argumentar que la evidencia no es suficiente. Cuando los científicos consiguen mejorar la fiabilidad de sus predicciones, entonces se le exigen previsiones aún más precisas.  Es lo que se llama mover la portería.
  5. Uso de razonamiento falaz: Hitler se opuso al tabaquismo, por tanto las medidas contra el tabaco son fascistas.
  6. Duda manufacturada. Crear la falsa impresión de que existen bandos enfrentados en el terreno científico. Insistir en ver las cosas desde “ambos lados” (es lo que intenta hacer Judith Curry, por ejemplo).  Intentar mover a los desinformados (básicamente los periodistas) hacia un punto intermedio.
  7. Victimismo y manía persecutoria. Considerarse víctimas de la censura cuando sus argumentos “disidentes” son rechazados. Así, los seguidores del diseño inteligente se consideran censurados porque los científicos rehuyen los debates públicos. En realidad los creacionistas están aplicando el punto 6 y los científicos hacen bien en no debatir públicamente. Considerarlos unos oponentes legítimos sería darles una consideración científica que no se merecen.

En Youtube puede verse como unos señores, con aspecto de cultos universitarios tratan de convencer a un señor que afirma que la Tierra es plana porque lo dice el Corán (es verdad). Para mí se trata de una torpeza entrar en un debate como ése. El único resultado va a ser que el friki negacionista va a tener un poco más de propaganda con la quizá consiga convencer a algún chiflado como él y, tal vez, vender algún libro, salir más en la tele…