Experiencias cercanas a la muerte y otros revoloteos

4 noviembre 2011

Antes de la aparición de la obra de Raymond Moodys Life after life (1975), los testimonios de Experiencias Cercanas a la Muerte (NDE en inglés) eran rarísimos o inexistentes. No hay prácticamente nada en las recopilaciones de Druss y Kornfield, Dobson, Kalish, Depasquale y Philips, en las que se examinan centenares de casos de pacientes que sufrieron ataques cardíacos. Tosch recopiló una quincena de testimonios en los que los pacientes decían haberse sentido prisioneros, que volaban, que oían una amenaza de bomba, que olían un cadáver y otras ilusiones y delirios paranoides. Tosch era un sicoanalista y no merece la pena profundizar en sus conclusiones porque se trata de las típicas divagaciones gratuitas en el marco de la tradición freudiana, pero resulta interesante comprobar que existía una amplia variedad de testimonios de muy diferente naturaleza que acaban uniformizados a partir de los años ochenta gracias, nos tememos, a la divulgación de las obras de Moodys y sus seguidores. Schnaper presentó en 1990 un vídeo en el que una paciente, en estado de semiinconsciencia durante su recuperación en la UCI, describía una amplia variedad de sentimientos paranoides, ilusiones y delirios junto con sentimientos espirituales. Cuando se la entrevistó varias semanas más tarde contó una NDE mucho más típica.

Parece que el trauma provoca un aluvión de fuertes sensaciones, más reales que la vida misma para el que las sufre, que posteriormente son tratados por nuestra engañosa memoria para construir una historia con hilo narrativo y final feliz. Una historia que se construye a partir de nuestra cultura, como veremos más adelante.

Las investigaciones sobre el asunto, sobre todo las primeras, basadas únicamente en los testimonios de los pacientes, llegaban a afectar emocionalmente a los profesionales que los recopilaban. Por ejemplo, el cardiólogo Maurice Rawlings recogió centenares de estos testimonios y encontró un 18% de visiones infernales. Como resultado, Rawlings se convirtió al cristianismo y escribió un par de best-sellers (Beyond death’s door, 1978 y Before death comes, 1980).

En primer lugar hay que explicar que las NDE sólo afectan a un 10% de pacientes que sufren ataque cardíaco. Schnaper entrevistó 68 pacientes y encontró solo 17 que contasen experiencias que ellos situaban en el momento del coma. Los temas recurrentes eran desagradables: la sensación de sentirse prisionero, de haber hecho algo malo y por ello padecer prisión y sentimientos trascendentes acerca de la muerte. Las experiencias extracorpóreas o la visión de un túnel son minoritarias, afectan a un porcentaje de los pacientes que varía, según el estudio, entre un 25 y un 75%. De un 13 a un 30% ven su vida en imágenes, unos en orden cronológico y otros al revés, o sea que la infancia puede estar al principio o al final. En algunos casos lo ven “todo a la vez”. Esta revisión de la biografía en imágenes no suele darse en supervivientes de un suicidio o en niños. El encuentro con espíritus de vivos o muertos o seres desconocidos lo experimentan entre un 40 y un 52% de los pacientes. Hay algunos pacientes (4%) que se encuentran con personas vivas. De un 65 a un 85% se sienten bien durante la experiencia. Sin embargo, una minoría de pacientes tienen “malos encuentros” con seres demoniacos o amenazadores. Las sensaciones “trascendentales” también son mayoritarias. Hay visiones de ciudades de luz, prados verdes y floridos. A veces, las imágenes contienen elementos de la iconografía religiosa.

El túnel y la revisión de la propia vida están ligados a la cultura occidental. Los chinos y japoneses no pasan por ningún túnel (véase el trabajo de Kellehear o este sobre pacientes chinos de diálisis). Los hindúes, según este trabajo, no “vuelan”. El contenido de las visiones es variadísimo, con una evidente influencia cultural y nunca contradice las creencias religiosas del sujeto (los judíos nunca se encuentran con Jesucristo). Morse, autor de Transformed by the light (1992), que se autodefine como crédulo, recopila todas estas influencias culturales en las visiones pero nos sugiere que no lo tengamos en cuenta, que no son la parte importante de la experiencia. Reconoce que la edad y la cultura ejercen gran influencia en lo que la gente experimenta. Los niños describen el “cielo” con flores o como una tienda de campaña en un campo dorado. Jesús a veces es descrito como Santa Claus. Donde los adultos describen el encuentro con parientes muertos, los niños encuentran ángeles de la guarda, profesores o compañeros de juegos aún vivos, animales y mascotas.

Alma asustadiza

Más de la mitad de pacientes exageran respecto a lo cerca que estuvieron de la muerte. Véase, por ejemplo, el caso de una NDE con coros celestiales incluidos en una paciente que estaba muy lejos de morirse. Owens y sus colaboradores compararon las NDEs de personas que estuvieron realmente cerca con sujetos que, según la información médica, sólo creyeron estarlo. Encontraron que los primeros explicaban más visiones de luces y explicaban con más frecuencia haber sentido que alcanzaban un conocimiento elevado, pero no hubo diferencias significativas en lo que se refiere a visiones de un túnel, experiencias extracorpóreas y contemplar la propia vida.

Por lo que se ve, parece fácil engañar al alma y que esta haga un simulacro de abandono del buque a la primera señal de alarma, vuele por la habitación, se meta por túneles y se ponga en contacto con sus entes sobrenaturales favoritos.

Aunque el paciente describa con precisión cosas que han pasado a su alrededor mientras estaba aparentemente inconsciente (por ejemplo, bajo anestesia general), esa información puede derivar de la persistencia de la capacidad de oír con lo que tales experiencias son probablemente elaboradas a partir de lo que el paciente ha oído durante la intervención y de lo que se le ha contado después. Respecto a la experiencia extracorpórea existen estudios recientes que han obtenido resultados interesantes. Blanke  et al. demuestran que los “viajes astrales” pueden inducirse mediante la estimulación eléctrica de la sutura tempo-parietal derecha (TPJ).

Blanke y su equipo indujeron el “viaje astral” a un paciente mediante la estimulación eléctrica en los puntos señalados con una flecha

Por tanto, el paciente “vuela” pero sólo dentro de su cabeza y no hay datos que demuestren que realmente está percibiendo la realidad desde fuera de su cuerpo. Sin embargo, ¿qué pasa con los testimonios de pacientes que en su viaje astral descubren cosas que después demuestran ser reales? (zapatos en el tejado, por ejemplo). Precaución, porque las evidencias provienen de narraciones de los pacientes o del personal médico y no de estudios experimentales. Aplicando la navaja Occam parece más razonable atribuirlos a exageraciones, información proporcionada de forma voluntaria o involuntaria por las personas que les rodean o embellecimientos posteriores de la historia.

Blanke- Dieguez hacen una buena revisión que está disponible en pdf. Sus conclusiones, al igual que las de Basil o las de Mobs y Watt son que estas experiencias tienen más interés desde el punto de vista de la neurobiología que de la mística. Consideran que las NDE no son un único fenómeno, sino un grupo de experiencias vagamente relacionadas debidas a la interferencia con diferentes funciones y mecanismos cerebrales.

No tan muertos como parece

Los pacientes que recuerdan NDE probablemente padecen lesiones cerebrales típicas de un ataque cardíaco, derivadas de los efectos de la anoxia (falta de oxígeno en los tejidos). Els et al. encuentran que la Resonancia Magnética de Difusión (MRI) revela daños debidos a la anoxia independientemente de la severidad del ataque, esto es, incluso en pacientes que se recuperan muy bien.

Muchas de las características del NDE (“viaje astral”, sentir una presencia, encuentro con espíritus, recuerdos antiguos o rememoración de la propia vida) son síntomas conocidos de descarga epiléptica o estimulación eléctrica de diversas regiones del cerebro (hipocampo, amígdala , giro parahipocámpico y otras áreas laterales neocorticales temporales como la sutura temporoparietal (TPJ). La causa más común de la epilepsia del lóbulo temporal son los tumores y la esclerosis producto de la anoxia. El hipocampo y la TPJ son de las regiones del cerebro más sensibles a la anoxia y resulta dañada en casi todos los pacientes que han sufrido un ataque cardíaco.

Los daños en el cortex visual pueden provocar la visión de un “túnel”, debido a la pérdida del campo visual periférico. La interferencia epiléptica en el hipocampo puede llevar a una fuerte experiencia emocional, como la evocación de recuerdos antiguos y la revisión de la propia vida. Además, la interferencia con la TPJ derecha provoca “viajes astrales”, mientras que la interferencia con el TPJ izquierdo puede provocar la impresión de una presencia, el contacto con espíritus o la autoscopia, como ha publicado Blanke en las revistas Nature, Brain Research Reviews y Brain. Este artículo disponible completo contiene una revisión reciente sobre lo que se sabe acerca de la autoscopia y otras experiencias parecidas.

Para mí resultan definitivos los trabajos de Lempert et al., que, en una serie de peligrosos experimentos inducen experiencias extracorpóreas en voluntarios sanos usando técnicas cardiovasculares (hiperventilación, hipotensión ortostática o la maniobra de Valsalva) que provocan los síntomas de una hipoxia cerebral transitoria. Un 16% tuvieron experiencias extracorpóreas, un 35% sentimientos de paz y bienestar, un 17% vieron luz, un 47% pasaron a “otra realidad”, un 20% encontraron seres desconocidos y un 8% relataron la experiencia del túnel. Me lo creo porque he conocido gente que jugueteaba con la hiperventilación hasta provocarse el desvanecimiento como forma de “colocarse” y explicaban que la sensación de volver a la realidad era muy placentera.

Cuidado, no os animéis con este tipo de experimentos. Nadie que sufra la anoxia más de unos minutos puede contar nada por la gravedad de los daños cerebrales. Y, como apuntan las observaciones del equipo de Els, la “cicatriz” de la anoxia en el cerebro se produce siempre.

La anoxia se perfila como la explicación más plausible de buena parte de los síntomas. Aquí tenemos un ejemplo de paciente propenso a los viajes astrales que se curó implantándole un marcapasos.

Ayuda mucho ser crédulo.

Ya Greyson encontró que los que cuentan NDE también cuentan experiencias paranormales anteriores con más frecuencia, tales como viajes astrales, conexión con el cosmos y han sentido en otras ocasiones la presencia de Dios y otras entidades sobrenaturales. También tienen más tendencia a recordar vidas anteriores. Kohr encuentra tendencias similares que relacionan a este tipo de pacientes con lo que se denomina ‘pensamiento mágico’, una predominancia del hemisferio derecho. Nelson et al. encuentran que casi un 60% de los pacientes que tuvieron alguna de las típicas experiencias extracorpóreas asociadas a una NDE las habían tenido en otras circunstancias, es decir, eran “habituales” del viaje astral.

Otro trabajo de Greyson consistió en pasar un test diseñado para diagnosticar el trastorno de identidad disociativo , que consiste en la existencia de una o más identidades o personalidades en un individuo, cada una con su propio patrón de percibir y actuar. Sin embargo, muchos profesionales no consideran este trastorno una enfermedad, sino más bien un delirio con base cultural. En cualquier caso el resultado de Greyson es significativo. La gente que dice haber tenido NDE sacan puntuaciones significativamente más altas en el test (aunque no como para considerarlos enfermos) que gente que ha estado verdaderamente cerca de morir pero no recuerda ninguna experiencia de ese tipo. Los que recuerdan una NDE están más cerca del trastorno de identidad disociativo que el resto. O, dicho de otro modo, son más proclives al “delirio con base cultural”. El trastorno disociativo también se ha relacionado con las experiencias extracorpóreas de las que ya hemos hablado.

Algunos autores se decantan claramente hacia la fe, como I. Svenson, uno de los primeros en publicar investigaciones sobre el tema (como este artículo de 1998). Escribió un libro sobre gente que recuerda vidas pasadas (Children who remember previous lives. 2001) cuya principal característica consiste en no entrar en comprobaciones detalladas de ninguno de los testimonios. Según Stevenson, hay tres posibles explicaciones para las reencarnaciones que cuenta en su libro: o se trata de casos auténticos, o ha habido algún tipo de comunicación telepática con el muerto (o con vivos) o se trata de invenciones y fraudes. No descarta la tercera opción, pero le parece muy triste. Otro experto reconocido, Greyson, al que hemos citado mucho, se reconoce muy influenciado por el libro de Moodys, aunque da la impresión de que consigue ser más objetivo. Quizá desalentado por la falta de resultados concluyentes llega a afirmar que el enfoque científico en el que hasta ahora se desarrollan los estudios es reduccionista y que la física cuántica es el marco ideal para estudiar el fenómeno, opinión que también comparte el cardiólogo Van Lommel. Sin embargo, yo no acabo de ver que la función de onda o la ecuación de Schrödinger puedan servir de mucho para saber por qué una persona ve luces o se encuentra con Mahoma cuando cree que está a punto de morirse. Como hemos visto, Lempert, Mohr, Blanke y otros no se han dedicado a la física cuántica, sino que, sin salirse del ámbito de la neurobiología, han llegado a averiguar mucho sobre las consecuencias de la anoxia o de la epilepsia en determinadas regiones del cerebro. Sus hallazgos tienen, además, utilidad diagnóstica y clínica y están proporcionando información acerca de cómo el cerebro construye el “yo”. Esa parece la dirección correcta.

Algunos autores toman en consideración las posibles explicaciones terrenales de estas experiencias pero concluyen que para los pacientes que se encuentran en trance de morir y para sus familias, estos relatos resultan reconfortantes (¿quién se atrevería a negarlo?). Morse encuentra que los que han experimentado una NDE aceptan con más serenidad la idea de la muerte, meditan más, consumen menos drogas y comen más frutas y verduras. Sus conclusiones son que una atención más espiritual a los enfermos y sus familias es buena para su salud, ahorra medicamentos, sufrimientos y dinero. Estas conclusiones, probablemente ciertas, a mí me parecen más bien el resultado de un choque cultural en los hospitales de los EEUU entre una medicina de base materialista con unos pacientes muy religiosos. Creo que en sociedades más evolucionadas es posible proporcionar a los enfermos una atención cercana y respetuosa sin necesidad de sacar la Biblia.

Kastenbaum acusa a Morse de traicionar el espíritu científico, abandonar las precauciones metodológicas y convertir su libro, Transformed by the light, en una recopilación de “historias de noche de acampada”. Kastenbaum es autor de un artículo crítico con el asunto en el libro The near death experience. A reader 1996 que plantea varias preguntas y reflexiones que yo recojo y añado alguna más:

-Mucha gente que ha padecido ataques no recuerdan ningún NDE, sin embargo, muchas personas que no han estado cerca de la muerte sí ¿Por qué?

-El electroencefalograma “plano” se consideraba una prueba de que el cerebro del paciente estaba inactivo. Actualmente existen técnicas más fiables para estudiar la actividad cerebral, como la TEP o la resonancia magnética funcional. Los defensores de la espiritualidad de la NDE hacen afirmaciones sobre la “muerte cerebral” y la inactividad del cerebro durante el coma que no tienen base empírica suficiente.

-Muchas de las NDE son desagradables, aunque no se recojan en los “best sellers” del género entonces, ¿existe el infierno? Jesucristo es un personaje habitual para los moribundos cristianos y los animales totémicos pueblan el más allá de los indígenas americanos ¿significa eso que la otra vida vendría a ser como Disneylandia, un lugar con algo maravilloso para todo el mundo? ¿Por qué los chinos no pasan por ningún túnel? ¿Por qué las almas hindúes desconocen los secretos del vuelo?

A estas alturas, todas estas preguntas siguen sin respuesta. Quién sabe, quizá la física cuántica…

Bibliografía

Bailey LW, Yates J (Eds.) 1996 The near death experience. A reader

DePasquale NP, Phillips JH. What death is like. Am Heart J 1968;76:438-9.

Druss RG, Kornfield DS. 1967 The survivors of cardiac arrest: a psychiatric study. JAMA ;201:291-6

Dobson M, Tallersfield AE, Adler MW, et al. 1971 Attitudes and long term adjustment of patients surviving cardiac arrest. BMJ ;3:207-12.

Kastenbaum R. 1993. Transformed by the light [Book Review]. J Near Death Studies 1993;12(1).

Kalish RA. An approach to death attitudes. Am Behav Sci 1963;6:68

Kohr , R.L. ( 1983 ) Near-death experiences, altered states, and psi sensitivity . J Near Death Stud 3 : 157 – 176 .

Lempert. T et al. ( 1994 ) Syncope and near-death experience Lancet 344 : 829 – 830

Tosch P. 1988 Patients’ recollections of their posttraumatic coma. J Neurosci Nuts;20:223-8.

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Lobsang Rampa: fontanería del ocultismo

28 diciembre 2010

Intentando ceñirnos al tema de este blog, inauguraremos una serie dedicada a las imposturas literarias. Obras supuestamente escritas por algún remoto personaje que de forma azarosa llegan a las manos del lector occidental contemporáneo y que nos traen mundos, mitologías y formas de pensar desconocidas. Generalmente no se enmarcan en ninguna tradición. Son obras especialísimas, presentadas como grandes revelaciones culturales. El éxito y la influencia de estas imposturas ha sido grande; algunas han tenido la capacidad de crear mitos aceptados como verdaderos y contra los que resulta agotador luchar.

Empezaremos por el mito que fabricó nuestra imagen del Tíbet lejano y misterioso. Hace poco hablábamos (o mejor dibujábamos) acerca del estereotipo occidental de lo que debe ser el pensamiento oriental. El Profesor Hurvitz, de la Universidad de Columbia, traductor de literatura oriental, decía que “para mucha gente, Oriente DEBE ser misterioso o, si no, la vida no tiene sentido.”

Esta obsesión por encuadrar a Oriente dentro de su mito ha necesitado de diversas estafas para asentarse en la imaginación colectiva. Es que la realidad es tozuda, no se ajusta a lo que nos gustaría que fuese y, a veces, hay que ayudarla un poco. Para ayudar a recrear, o más bien a crear, la imagen del Tíbet y su sabiduría oculta escribió sus memorias el supuesto lama Martes Lobsang Rampa y se las arregló para que llegaran al público occidental de la manera más extraordinaria que pueda imaginarse. Para ello ocupó el cuerpo de Cyril Hoskin (1910-1981), un británico sin oficio conocido (se ha dicho que era fontanero, pero parece que el fontanero era su padre). Poseido por el lama, Cyril escribió y fue publicando sus relatos desde 1958, a pesar de que los expertos consultados por la editorial se mostraban todos de acuerdo en que los allí se contaba no tenía nada que ver con la realidad del Tíbet ni con el budismo. Por ejemplo, la operación de “apertura del tercer ojo”, que le hacen a Lobsang para que pueda ver las auras y que le permite también ver algunos campos magnéticos (curiosamente, sólo los de los imanes), no se ha realizado nunca entre los verdaderos lamas. Los editores se debieron quedar un poco fastidiados, porque seguramente esperaban alguna opinión elogiosa para ponerla en la contraportada del libro y tal. Así que, simplemente, ignoraron las advertencias y, por supuesto, publicaron el libro. Tuvieron un enorme éxito y hoy en día es imposible visitar un puesto de libros viejos sin encontrar alguno.

Entre los expertos consultados estaban Hugh Richardson, el último residente británico en Lhasa; Marca Pallis, viajero; y Heinrich Harrer, el protagonista de “siete años en el Tíbet”. Uno de ellos, Agehananda Bharati publicó este artículo, en que explica que el plomero británico, que no había estado nunca en el Tíbet ni sabia una palabra de tibetano, ni siquiera era original en sus fantasías.  Se había inspirado en el libro de Madame Blavatsky “Secret Doctrine”. Otra impostura intelectual de una conversa al budismo que por lo menos sí estuvo en Oriente a finales del XIX, aunque su desconocimiento de la lengua no le permitiese leer ni uno solo de los textos sagrados. En todo caso, Oriente estaba muy lejos y resultaba fácil convertirse en un experto si venías de allí. Blavatsky, más que una budista era una especie de multiiluminada que promovió una religión neoplatónica y ocultista llamada teosofía, que ya no está de moda ni nada, pero que constituye la semilla del, digamos, “pensamiento” New Age. También a ella se le apareció un maestro espiritual invisible para el resto de los mortales que le reveló grandes secretos sobre el viaje astral, la Atlántida y todos los tópicos del ocultismo, aunque parece que el ectoplasma oriental no llegó a poseerla, como hizo Lobsang con el hijo del fontanero.

En el Skeptic dictionary podréis encontrar una recopilación breve del contenido de las numerosas novelas del supuesto lama: Lobsang conoció al yeti; reconoció las momias de sus anteriores reencarnaciones; supo, por su acceso al saber oculto, que la cordillera del Himalaya se formó por la colisión de la Tierra con otro planeta y aportó otras muchas informaciones de este jaez, todas, como podéis ver, de gran valor científico.

Que sus libros todavía se vendan a un euro (cincuenta céntimos, si regateas) no me sorprende. Lo increíble es que… ¡todavía se imprimen! Ediciones Destino (del grupo Planeta) y Editorial Troquel, de Argentina, siguen publicando sin complejos esta impostura trasnochada. Y leyendo los comentarios de lectores, comprobamos que muchos saben que se trata de invenciones, pero dicen que el libro está bien porque “les ayudaó a abrir la mente” y a “ser mejores personas”. Tengo que reconocer que me sorprende que una patraña pueda servir de ayuda para algo así. La moraleja es que hay personas que están deseando ser engañadas. Su crecimiento interior no les ha proporcionado la sinceridad suficiente para reconocer que se lo creyeron todo como pardillos y que, alentados por el héroe-lama, profundizaron en la autosugestión y la autohipnosis hasta llegar a creerse protagonistas de su propia novela. Hace falta inteligencia emocional para reconcer esas cosas.

La estrella de Oriente está declinando gracias a la globalización. Ahora convivimos con muchos orientales y vemos que no son demasiado misteriosos, van a lo suyo, no parecen preocupados por cuestiones trascendentales y no se les ve levitando casi nunca; además, la mayoría tienen unos gustos en lo que se refiere a música, cine, mobiliario y adorno personal que rayan en lo que toda la vida hemos calificado como “kitsch”.

Qué decepción, Oriente está aquí y tiene más de hortera que de místico.