Meditemos sobre la meditación

22 junio 2011

Para los que buscan información objetiva sobre la meditación y sus efectos me permito recomendar este estudio de 2007 elaborado por una decena de científicos de la Universidad de Alberta para una agencia del gobierno USA. Es bastante exhaustivo (es un tocho de 470 páginas); analizan 813 estudios, de los que la mayoría destacan por su baja calidad metodológica. La conclusión es que no existen pruebas de efectos de la meditación sobre la salud en general: Está disponible entero en pdf y es muy útil para orientarse en el complejo berenjenal de técnicas, escuelas y tradiciones. Lo que menos me gusta es el uso abusivo de siglas, pero supongo que es necesario para no pasar la frontera sicológica de las 500 páginas. Aquí hay una entrevista a los autores, que en general no fueron entrevistados por ningún medio importante. Ya os habréis fijado que este tipo de estudios nunca salen el los periódicos ni en la tele.

Han hecho un trabajal… Inicialmente seleccionaron, buscando en toda clase de bancos de datos, 2,285 artículos potencialmente relevantes. La aplicación de los criterios de selección los dejó en 911. Las razones para excluir estudios eran las siguientes: (1) el estudio no estaba dirigido a estudiar la efectividad de la meditación (n= 909), (2) estudios sin grupo control (n= 280), (3) el estudio no aportaba datos medibles relacionados con la salud (n= 170), (4) el estudio no examina un grupo de población adulta (n= 9), y (5) el estudio está hecho sobre menos de 10 participantes. El trabajo distingue cinco amplios tipos de meditación: Mantra, Atención Plena (Mindfulness), Yoga, Tai Chi, y Qi Gong y los compara entre ellas y con otras alternativas como la educación sanitaria (HE).

Los resultados son demoledores para aquellos que piensan que la meditación es la solución de casi todo. No se ha demostrado que sea la solución de prácticamente nada. Ocurre algo parecido a lo que se encuentra al evaluar la calidad de los estudios que demuestran la efectividad de la acupuntura o la homeopatía: Existe una gran cantidad de estudios propagandísticos de baja calidad que pretenden haber encontrado evidencias. Los estudios más rigurosos no encuentran nada o casi nada.

Es impresionante la cantidad de cosas para las que NO SIRVE la Meditación Trascendental ®, (recordemos que es una marca registrada). No ofrece ventaja sobre la educación sanitaria para mejorar la presión arterial, ni el peso corporal, ni la frecuencia cardiaca, ni el estrés, ni la ira, ni el colesterol, tampoco sirve para controlar la ingesta alimentaria ni el nivel de actividad física en pacientes hipertensos. La Respuesta de Rejalación (RR) no es mejor que el biofeedback para reducir la presión arterial en hipertensos (lo que no quiere decir que el biofeedback funcione). El yoga no produce efectos clínicos estadísticamente significativos sobre la presión arterial en comparación con pacientes no tratados. Tampoco es mejor que el ejercicio físico para reducir el peso corporal en pacientes con trastornos cardiovasculares. La meditación budista zen en pacientes hipertensos no funciona mejor que, simplemente, tomarse la presión arterial de vez en cuando. Algunos meta-análisis no han podido hacerse. Por ejemplo, respecto al efecto sobre la drogadicción, los estudios eran demasiado heterogénos. Muchas prácticas diferentes y muchos tratamientos de los resultados que no tienen nada que ver unos con otros. Los tres mejores estudios, que estudiaron respectivamente la Atenció Plena, el RR y el Yoga son inconclusivos.

Yo mismo estoy sorprendido de unos resultados tan pobres, especialmente la meditación de Atención Plena, que tiene unos objetivos modestos (tratar la depresión) y está desprovista de elementos místicos. Finalmente, uno se pregunta, ¿sirve para algo algún tipo de meditación? Algo hay: El meta-análisis reveló que los efectos fisiológicos más fuertes y consistentes en poblaciones sanas se producen en la reducción de la frecuencia cardiaca, presión arterial y el colesterol. El efecto neuropsicológico más fuerte es en el aumento de la creatividad verbal. Hay también algunas pruebas de “antes y después” que apoyan la hipótesis de que ciertas prácticas de meditación reducen el tiempo de reacción visual, la presión intraocular, y aumentan el tiempo de contención de la respiración (no es sorprendente porque muchos tipos de meditación ejercitan el control de la respiración). La Mindfulness ha demostrado algún efecto en la prevención de la drogadicción. En el estudio comparativo del yoga para el alcoholismo se encuentra una tasa de recuperación significativamente mayor para el grupo de practicantes de yoga, aunque en ambos casos es discutible a qué se debe exactamente el efecto (cambio en el modo de vida y en el entorno social…). El estudio que comparó la RR con la relajación muscular progresiva (PMR) en alcohólicos encontró efectos en la presión sanguínea (que se mantuvo más baja que en el grupo control), pero no para las otras medidas (ansiedad, pulso, y conductividad de la piel). De manera que se puede decir que la RR y PMR produjeron cambios significativos en la tensión. Pero la baja calidad metodológica de los estudios indica que la mayoría pueden dar lugar a sobreestimaciones de los efectos del tratamiento o son difícilmente generalizables. En particular, la falta de un grupo de control correspondiente en el antes y el después de los resultados impide controlar las tendencias temporales y la sensibilidad a las características metodológicas. Por lo tanto, esto resultados deben interpretarse con cautela.

Los autores sugieren que los que quieran estudiar los efectos de estas y otras técnicas parecidas, utilicen los criterios CONSORT (Consolidated Standards of Reporting Trials) para no perder el tiempo y no hacérselo perder a los demás. Estos criterios están pensados para evitar las malas prácticas de las farmacéuticas, que intentan a menudo hacer creer en la eficacia de sus fármacos a base de estudios poco rigurosos. Pero como sucede con las farmacéuticas, el objetivo de muchos de estos estudios es hacer publicidad engañosa y se dirigen a la prensa y no a la comunidad científica, así que me temo que seguiremos leyendo por mucho tiempo eso de “estudios científicos demuestran que…”

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